lunes, 26 de mayo de 2008

Domingo Escalona: “Es la fe lo que te hace creer,
no la imagen. La imagen es de yeso”.


Franklin Fernández.

F.F. -Domingo, venía leyendo por el camino algunas notas de prensa sobre su trabajo, algunos textos; ensayos y entrevistas. Me impresionó mucho su humildad y su inteligencia. Sé que se considera un artista, un misionero, un predicador, un evangelizador. ¿Se siente usted más feliz con la religión o con el arte?

D.E.
-Con las dos cosas. Porque precisamente el arte viene de ahí, de la religión. Yo diría que el primer artista fue Jesús de Nazaret. Cristo Jesús. Cristo también fue el primer artesano, el primer gran artesano de la historia. Porque él aprendió de José el carpintero, que era su padre. Su padre adoptivo. Porque su verdadero padre era Dios. Dios y Cristo Jesús eran un mismo hombre, una misma espiritualidad. Dios tomó a Jesús como instrumento para poder venir aquí a la tierra a enseñar, a predicar, a evangelizar. La tierra está contaminada de malas cosas.

Cristo flagelado, 2005. Yeso y tela policromados sobre madera. 79 X 36 X 37 Ctm.


F.F. –Pero, ¿lo que hace usted es arte o es religión?

D.E.
-Arte, claro, arte propiamente. Soy un creador.

F.F. -¿Se considera usted un artista popular o un artista ingenuo?

D.E.
-Bueno, algunos dicen que soy un artista popular. Otros dicen que soy un artista ingenuo. ¿Cuál es la diferencia?

F.F. -Diría que la diferencia más clara es que un artista popular crea a partir de lo que ve fuera de él. Es decir; contempla, analiza constantemente lo que está pasando a su alrededor: procesiones, velorios, fiestas callejeras, serenatas, protestas, cantatas, bautizos. El artista ingenuo es más intuitivo. Inconscientemente es más espiritual, crea a partir de lo que ve dentro de él, directamente de la imaginación, toma muy pocos elementos de la realidad. Digamos que en el fondo es más simbólico, surreal, onírico…

D.E.
-Bueno, algunos dicen que no soy un artista popular sino un artista de gran relevancia, debido a los acontecimientos que han pasado en mi vida artística, la cual yo desarrollo, ¿no? Eso es muy importante. Es así como se ha convertido en un acontecimiento. Un acontecimiento no solamente de pueblo sino de estado. Y no sólo de estado, sino un acontecimiento importante a nivel nacional e internacional.

F.F. -¿Cómo un artista como usted logra esa relevancia? ¿Y hasta que punto cree que esa relevancia es importante?

D.E.
-Bueno, la verdad es que no sé. Lo que sí sé es que yo soy un hombre sencillo, un hombre humilde. Soy así como usted me ve acá ahora. No voy más allá que eso. Lo que usted ve aquí ahora es lo que soy, es lo que tengo. Pero a esa relevancia que dicen que tengo no le doy una mayor importancia. ¡Soy el mismo Domingo Escalona de siempre! Como será que ando mejor con una franelita, que con una camisa larga y de bolsillo.

F.F. -Jesús de Nazaret pudo haber dicho que él era el hijo de Dios, pero él nunca se aprovechó de eso.

D.E.
-Ni yo tampoco.


F.F. -¿La humildad es un reflejo de pobreza?

D.E.
-Bueno, lo que pasa es que algunos confunden la humildad no sólo con la pobreza, sino también con el desastre.

F.F. -Por eso se lo pregunto.

D.E.
-Bueno, ni siquiera la humildad espiritual es un reflejo de pobreza.

F.F. -¿Se considera usted un hombre pobre?

D.E.
-No necesariamente. Porque soy humilde no quiere decir que soy pobre. No quiere decir tampoco que voy a estar detrás del otro, del otro y del otro… ¡No, no, no! Lo que uno tiene que saber es cuando puede estar.

F.F. -¿Estar? ¿Estar para qué?

D.E.
-Para ayudar al otro. No por eso vamos a dejar de ser humildes.

F.F. -Muchas personas confunden humildad con pobreza. Incluso confunden humildad con ignorancia, ¿no?

D.E.
-Eso también es un error.

F.F. -La gente piensa que porque se use una camisa humilde se es ignorante.

D.E. -
Te digo que yo tampoco voy a estar todo el tiempo con una camisita deshuesada, un pantalón roto, unas chancletas feas y ese tipo de cosas. No. Para demostrar que se es humilde no hace falta eso. Porque la humildad no se muestra: se lleva por dentro.

F.F. -Evidentemente. La humildad no está ni en la ropa limpia ni en la ropa sucia… (risas de ambos). ¿La humildad, evidentemente, es necesaria?

D.E.
-¡Claro! Te digo simplemente que es necesaria la humildad, porque la humildad es necesaria. No es una cuestión de estilo. Es necesaria la humildad porque la humildad enseña, no nos viste. La humildad enseña a la persona a llevar una cruz. Yo he pasado por miles de pruebas Franklin: -que si soy loco, que si soy tonto, que si estoy destornillado, que si soy brujo, que si soy esto o aquello-. Bueno, la verdad eso me despreocupa, porque yo creo en mi trabajo. Aunque en el fondo me molesto, pocas veces…

F.F. -Siendo humilde y no pobre, ¿se considera usted actualmente un hombre feliz?

D.E.
-¡Sí, cómo no! Evidentemente soy un hombre feliz, muy feliz. La humildad ayuda mucho al hombre a creer en sí mismo. La felicidad la tenemos todos, aunque hay que descubrirla. Saber dónde está. Hay qué saber buscarla y dónde encontrarla.

F.F. -¿Crees que la humildad sea reflejo de debilidad?

D.E.
-Nada es perfecto. Hay un momento en que el hombre común ríe y ríe. Luego llora y llora. Es difícil de explicar. El hombre es feliz y llora. Pero el humilde, en cambio, sabe aguantar.



F.F. -Usted, que se considera un hombre fuerte física y espiritualmente, ¿qué hace para mantenerse vivo?

D.E.
-Rezo constantemente.

F.F. -¿Usted reza antes de pintar?

D.E.
-Sí. Ofrezco mis manos y las presento.

F.F. -¿Qué es lo que hace? ¿Puede explicarme eso?

D.E.
-Le presento mis manos a Dios porque yo soy un instrumento. Y le digo: -Dios, ayúdame, te ofrezco mis manos, para que esa obra mía sea tu obra porque tú me utilizas como instrumento-. Por lo tanto, mi obra es la obra de Dios porque él me utiliza como instrumento.

F.F. -Domingo, es muy hermoso lo que dice ¿Es por ello qué el tema religioso es una constante en toda su obra?

D.E. -
Sí. El tema religioso resulta porque yo soy católico. Y para todos los católicos es respetado lo que es cosa de Dios. Por allí es donde empieza el tema religioso. Pero usted ve el tema religioso por esas figuras que están ahí. Pero también nace dentro de mí, es como una necesidad. Somos obras de Dios, aunque no queramos reconocerlo muchas veces.

F.F. -Yo leí algo referente a la arcilla. Déjeme recordar. Se dice que las figuras usted no las quema porque se van al infierno sin justificación alguna, arden y sufren sin ser pecadoras, pierden el alma antes de pecar…

D.E.
-No es propiamente mío lo que se escribe ahí, aunque la aclaratoria, perfectamente, es mía.



F.F. -Es una bonita propuesta, una muy bella concepción y clara justificación…

D.E.
-Sí, claro, claro, se puede decir eso y entenderlo así, claro está…porque usted sabe que la candela es tan fuerte que se siente dolor en el alma. Yo siempre me pregunto como sufrirá una persona que se quema por perder el alma.

F.F. -Pero, ¿las piezas de arcilla sufren o no sufren?

D.E
. -Bueno sí, porque creo que eso tiene un cierto parecido a las quemadas de los hombres. Fíjese en las quemadas, ¿usted no sufre cuando se quema? Ahora bien, con respecto a las figuras. Usted sabe que eso es un yeso, sabe que eso es un poco de arcilla, pero la fe es tan grande que usted le dice a esa montaña que se mueva y esa montaña se mueve. Y se mueve más de lo que se imagina. Es la fe lo que te hace creer, no la imagen. La imagen es de yeso.

F.F. -¿Usted alguna vez ha pecado?

D.E.
-Claro, somos humanos, todos somos humanos Franklin. No somos perfectos, somos pecadores…

F.F. -Reitero. ¿Usted alguna vez ha pecado haciendo la obra?

D.E.
-Claro, se peca, se peca hasta por mirar. Hasta por mirar hay pecado… (risas de ambos).

F.F. -¿O sea que usted como artista está constantemente pecando?

D.E.
-Y el espectador también… (risas).

F.F. -La mirada del espectador es una mirada atenta. Pero, ¿es una mirada pura o impura?

D.E.
-Las dos cosas. Es pura y es impura. De algún modo el que contempla, se está llevando la obra.

F.F. -Una última pregunta para despedirnos ¿Qué es el arte para usted?

D.E.
-Yo diría que es una de las cosas más importantes que existe, es una de las cosas más importantes que tiene el hombre. El arte revela al hombre, le dice lo que es. En otras palabras, el arte revela lo que es la cultura de un pueblo.




Entrevista realizada en la Casa del pintor en Yaritagua, estado Yaracuy, 8 de mayo del 2008.

viernes, 11 de abril de 2008

Roberto Cipollone (CIRO): “Soy un artesano, los demás dicen que soy un artista”.



Roberto Cipollone (Ciro), fue llevado a Pescara en 1947 donde pasó su niñez y años como un hombre joven alrededor del taller de fundición de su padre. En 1970 viajó a Holanda donde vivió por seis años empleado como trabajador de fábrica. En 1977 regresó a Italia, y se traslada a la ciudadela de Loppiano; cerca de Florencia, donde reside actualmente desde 1982. Es allí donde se establece y desarrolla “La Bottega Di Ciro”, un taller artístico medieval, o un “laboratorio de vida”; como él mismo afirma, donde pinta y hace esculturas en armonía constante con la naturaleza. Para su trabajo él emplea varios materiales usados y de desecho: madera, hierro, piedra, tela, que él considera como los más puros y hermosos en esencia, en espiritualidad.




Franklin Fernández.

(Traducción de SERGIO PANDOLFI).

F.F. -Usted fue llevado a Pescara donde pasó su niñez y sus primeros años de juventud. Allí, al lado de su padre, se ocupa de la fundición del hierro y el metal. ¿Hábleme un poco del entorno social en donde usted se desenvolvía?

R.C. -Mi ambiente era el de la periferia con muchos chicos normales que vivían en la calle porque el clima era agradable. Por un periodo viví también a lo largo del mar, donde mi mamá pescaba; con mi padre íbamos a la playa a recoger todo lo que el mar traía. Nací después de la guerra y todos teníamos que proveer de todo, también nosotros niños sin tantas posibilidades económicas nos hacíamos nuestros propios juguetes: con un carrete de hilo y una liga hacíamos tanques cometas con engrudo y papel de periódicos, barquitos con cañas, etc. Veía también a los barcos pesqueros que regresaban del mar: algunos utilizaban hélices de aviones, otros tubos de estufa como tubos de escape para los motores, delantales con remiendos de muchos colores... Esto me familiarizó un poco con el hecho de recuperar y que naturalmente era hecho por necesidad, pero tenía también su belleza.



F.F. -¿Cuántos años tiene para ese momento?


R.C. –Tengo como 8 o 9 años de edad. Por asma infantil, me trasladaron a un pueblito de montaña. En la mañana se veía salir el sol sobre el mar y veía también los barcos en el agua a 40 ó 50 Kilómetros, con mi fantasía imaginaba mi casa y a mis papás, y eran fuertes momentos de nostalgia. Entre otras cosas reuní una bonita colección de fósiles, me apasionaba el testimonio de la historia impreso en las piedras; estaba maravillado por que sabía que los fósiles estaban escondidos y también como revelaban su belleza en un material tan rígido, ¡era formidable!



F.F. -Usted trabajaba con su padre en la fundidora. ¿A qué se dedica entre el bronce, el hierro y el aluminio?

R.C. -Mi papá tenía una fundidora de bronce y aluminio en donde se producían fuentes, campanas y cosas así. Eran muy bonitas las imágenes del hierro incandescente que se formaba con la colada de metal. Algunas veces encontraba objetos con forma de caballos u otras formas y las conservaba ya desde entonces.




F.F. -¿Y es allí donde descubre que usted tiene interés por el arte, talento para el arte?

R.C. -Entre los 17 y 18 años me quedaba seguido en la fábrica a controlar los tornos que trabajaban toda la noche, platicaba con los demás obreros, algunos de ellos me contaban cuando estuvieron en prisión en Alemania o de sus ideales sociales, descubría una humanidad que había vivido momentos muy profundos. Eran momentos en los cuales el ritmo lento del girar del torno se convertía en una melodía que me empujaba a cantar.

F.F. -Con ese canto, ¿comienza usted a desarrollar su escultura?

R.C. –Sí.



F.F. –Entre obreros, ¿cómo se convierte un artista?

R.C. -¿Cómo me convertí en artista siendo un obrero? Pienso que todos tendrían que serlo, al contrario, no se ni siquiera si me convertí en un artista. Por mucho tiempo he dicho que soy un artesano, los demás dicen que soy un artista.

En la Edad Media, por ejemplo, Duccio de Boninsegna que en Siena realizó “La Majestuosidad”, antes hacía cajas para los recuerdos de bodas y también decoraba cajas normales para guardar la ropa. En otras palabras él no negaba ser un artesano normal. Otro caso fue el de Benvenuto Cellini que realizó “El Perseo” y en el mismo tiempo realizó un salero de uso común estupendo.

En una palabra no pretendían realizar cosas que duraran por su importancia.



F.F. -¿Obreros y artistas se complementan o, por el contrario, se contraponen?

R.C. -Yo creo que uno se convierte en artista también siendo un obrero, o sea, obrero y artista no se excluyen, viven bien juntos, así como la técnica y la inspiración, la creatividad. Pienso que un artista es también un buen obrero, también un “hombre faber”. El hacer es una especie de resorte para encontrar después la inspiración. Sin la posibilidad de realizar se está como perdido, porque entonces uno hace una filosofía estéril si no logra después darle una forma a las cosas que cree, que ve, que imagina, debe traducirlas para poder mostrarlas a los demás. Pero por ejemplo, están los momentos en los que uno se siente más obrero cuando se encuentra con los materiales, o se siente más artista cuando se encuentra con la belleza, en donde viene más en evidencia el aspecto estético en el cual la obra se completa en el momento de la emoción.

F.F. -¿Cuál es su interés por la arquitectura? ¿Cuál es su relación con ella?

R.C. -En 1967 habría querido inscribirme a la facultad de arquitectura y por lo tanto hacer los exámenes de integración ya que había estudiado como Técnico Mecánico para ayudar a mi papá en la fundidora, pero mi pasión era el campo humanístico.

F.F. –El arte, en pocas palabras…

R.C. –Sí. Habría querido desarrollar el aspecto artístico en seguida, pero en cambio me transferí a Holanda de 1970 a 1976.





F.F. -¿Y a qué se dedica un artista como usted en ese país?

R.C. -En Nimega trabajé en una fábrica haciendo diez mil tornillos al día en una cadena de producción con turnos muy desgastantes. Cada tanto tenía que hacer horas extras porque así la fábrica lo exigía de los obreros extranjeros. Después en 1974 fue la crisis del petróleo, la fábrica iba mal por lo que me pusieron en subsidio de paro. Me transferí entonces a Ámsterdam en donde encontré trabajo en una fábrica de lámparas, y enseguida inicié haciendo la limpieza en el taller. Recuerdo que el tiempo me obligaba siempre a correr, un día tenía una bufanda larga y corría a lo largo de una calle cuando la bufanda se enredó en una verja y yo me caí sobre la banqueta, miré alrededor para ver si alguno se había dado cuenta pero todo estaba tranquilo; entonces me dije: me quedo en el piso para descansar y para entrar de nuevo en el ritmo justo.

Estos tipos de trabajos aburridos aumentaban mi deseo de ver cosas bonitas. Cada tanto encontraba en la fábrica objetos que no tenían la medida justa o tenían algún pequeño defecto por lo que se desechaban, los separaba y se los llevaba a un amigo orfebre-escultor, Joop Falke, con el que podía colaborar en la creación de composiciones artísticas.




F.F. -¿En qué año regresa nuevamente a Italia, a su país natal?

R.C. -En 1977. Me transferí a Loppiano, una ciudadela internacional cercana a Florencia. Trabajé en una carpintería de productos artesanales. Después de la producción normal, tomaba los más pequeños desechos de madera y con ellos creaba paisajes, dándole la posibilidad de exprimir todavía algo.


F.F. -¿Qué significado tiene para usted trabajar no sólo con la madera sino también con el acero y el hierro?

R.C. -Con el tiempo he hecho también trabajos con hierro. Una vez con una azada en un enredo de alambre de púas sobre una base hecha de una astilla de bomba, quise reflejar algo de la Guerra del Golfo que estaba entonces por comenzar.

Se agregaron después algunas maderas con las formas en donde se ve lo vivido, por ejemplo la dificultad que algunas veces tienen las raíces para entrar en las piedras crean formas todavía más interesantes. Y sobre estas raíces combiné algunas piedras que estaban ya dentro de la figura y otras las añadí para hacer, por ejemplo, la cara de un guerrero o de un ángel.

Con algunos restos de madera y un par de Jeans mostraba el agua que pasaba dentro de la roca, como demostración que pueden suceder algunas cosas que parecen imposibles y que el hecho de creerlas da la posibilidad de verlas realizadas, aunque sean solo imágenes.

Durante un invierno, como la calefacción del lugar en que trabajaba era de leña, entre las cenizas y el fuego, metí las cabecitas y otras figuras de barro que había comenzado a hacer para poder modelarlas mejor sobre algunas raíces.



F.F. -¿Qué otros materiales utiliza para componer sus obras?

R.C. -Algunas veces uso también vidrio, o estofa, sin restricciones; al utilizar estos materiales diferentes unos de otros, siempre encuentro un motivo que los conecta entre sí y los convierten en algo diferente, es mas bonito que cada uno sea por si misma bello pero sobre todo sea en armonía con los demás.



F.F. -¿Cómo se inspira un maestro como usted? ¿De dónde nace esa inspiración y esa armonía de unidad con el todo?

R.C. -Muchas veces la inspiración nace de un trabajo del alma que después encuentra un material que le sugiere como exprimir lo que se tiene dentro. La madera es un buen ejemplo de esto, porque cuando es vieja tiene vetas y grietas que la hacen frágil al punto de poder romperse y entonces se tiene que secundarla. Este mismo principio está presente en las leyes de la naturaleza, que se convierte en la indicación de los procesos a cumplir, como en la elaboración de la arcilla.

En algunos signos se ve la intervención sapiente, delicada o amorosa del hombre. Y son muy bonitos estos materiales cuando tienen estos signos que el tiempo trata de borrar, pero que resaltan el testimonio de una vida inspirada a valores que nuestra tradición tenía mas presentes. Ahora muchos aspectos están destinados solo a su función, esto sucede en base a un cambio de mentalidad, una mentalidad industrializada y consumista; mientras que antes eran como dones. Esto se puede sentir y meter en luz, estos objetos tenía la función de llegar al hombre y gratificarlo. Muchas veces la realización misma tiene el objetivo de dar mensajes: solidaridad, sufrimiento o el trabajo, y estos mensajes se pueden notar por ejemplo en la forma de la azada o en otros elementos.

F.F. –El paisaje, específicamente el paisaje marino, ha sido fundamental en su vida y en su trayectoria, ¿cuál es su verdadero interés por el mar, por los barcos, por la naturaleza?

R.C. -La cercanía con la naturaleza es fundamental para mi, porque trabajo también con las formas creadas por ella; el hecho, por ejemplo de conocer y ver como se desarrollan las raíces entre las piedras, muchas veces tienen un código de su desarrollo que esta ligado al tipo de árbol en donde crecen, o también a las cosas que tienen alrededor: en el mar, la sal se incrusta a las cosas y después las hace más ligeras y más fuertes, por la cantidad de yodo y otras cosas presentes en el mar. Es un purificador maravilloso el mar; otras cosas te dan los ríos en donde todo es más orgánico. Los ríos son más delicados con las cosas, pero el mar las purifica.


F.F. -¿La madera o el hierro le sugieren formas, le dicen lo que son o, por el contrario, lo qué quieren ser?

R.C. -Generalmente encuentro las piezas y estas me sugieren también lo que tengo que hacer. Pero también dentro de mí tengo algo que me llama y me ayuda a orientarme un poco. Entonces después veo la piezas de otra manera, se convierte en un encuentro feliz entre la idea que tengo y las piezas adaptas. Otras veces en cambio, por un pedido, estoy obligado a hacer las cosas de un cierto modo que no me satisface, pero encuentro el modo de personalizarlo y al final el resultado es muy diferente, más personal, con más significado.



F.F. –De lo poco o mucho que ha vivido y experimentado en la vida, ¿cómo es su relación con ella?

R.C. -A veces se siente alrededor poco respeto por la vida y surge dentro de ti una especie de rebelión y te dices: encontramos soluciones diferentes. A este punto te das cuenta que también en nuestra vida tenemos que afrontar esto y entonces un pedazo de madera que parece que no sirve para nada puede todavía ser útil en algo y manifestar su belleza, una belleza que es muchas veces la belleza de las arrugas, de las manos callosas…

Este tipo de belleza no es superficial, si no una belleza ligada a la bondad, porque entre bondad y belleza existe una relación. Por la cual creo que la belleza no es solo efímera, puede serlo, pero yo busco que sea algo que se construye dentro, que no se tiene como fin ella misma.


F.F. -¿Qué es la belleza para usted? ¿La belleza nos puede decir algo?

R.C. -Un florero puede ser bonito pero también puede decir algo. En esto los orientales, por ejemplo, son muy capases de ordenar los espacios de manera tal que, con pocos elementos, dan una sensación de orden, de equilibrio; sobre todo en el Novecientos dieron una lección maravillosa a artistas como Van Gogh y Matisse, entre otros.

Una ves tenía libros viejos, casi ilegibles, pero que conservaban su parte externa, entonces pensé en usarlos para combinarlos junto con otros objetos y poniendo en evidencia las tapas de cuero.


F.F. -Un libro, un clavo o un zapato, ¿pueden activar una simbología?

R.C. -Uso seguido clavos viejos para ilustrar la cruz, el sufrimiento; o las azadas como símbolos del trabajo y de la fatiga del hombre, de la cercanía con la tierra.

F.F. –En ese sentido, ¿piensa usted constantemente en el hombre? ¿En la relación de este con las cosas que lo rodean?

R.C. -Algunos objetos fueron hechos pensando en el hombre, como la pala para remover la tierra, que fue hecha para adaptarla a la forma de la mano; esto quiere decir que el hombre define también las formas y dimensiones.

Y sobre estos objetos el tiempo deja su marca, se consuma. El hecho que las cosas no nos sobrevivan es normal. Es justo que sea así; porque el plástico, por ejemplo, da la ilusión de eternidad pero después, en efecto, traiciona todas las cosas, mientras que la madera pertenece más al ciclo de la vida y es más cercana a nuestras experiencias.

F.F. –¿Trabaja usted constantemente con desechos para permanecer?

R.C. -En algunas ocasiones me reprochan el hecho que trabajo con estas cosas que son corruptibles; ¿durarán? Ninguno de nosotros dura, al menos en apariencia.

Después es necesario agregar también una búsqueda continua. Por ejemplo, a veces uno dice: ahora haces siempre peces o solo pájaros, ¿por qué? ¿Los haces en serie?

No es tanto la serie, es como una forma de búsqueda; existen formas diferentes en el hecho de componer, en el modo de poner las cosas en el espacio; creo que es un modo de llegar a la solución optima, sin excluir fases por las que se tiene que pasar, es el conocimiento que llega desarrollado un trabajo por lo que es bueno, algunas veces, insistir sobre la misma cosa.


F.F. –Gracias Roberto, por compartir con nosotros estas maravillosas y hermosas palabras…

R.C. -No soy muy bueno para comentar mi trabajo, se sobre la génesis de donde encuentro el material pero no tengo la capacidad suficiente para poder describirlo, porque es ya una creación realizar el trabajo; paso un buen tiempo al terminarlo, observando, viendo si transmite el mensaje que quiero dar, si está completo. Algunas veces me confronto también con otros para ver que tipo de emoción suscita.

miércoles, 26 de marzo de 2008

Alberto Asprino: “Lecturas
desde el paisaje interior”.


Franklin Fernández.


Alberto Asprino. Fotografía de Fernándo Bracho.


Alberto Asprino (Maracaibo, Estado. Zulia, Venezuela, 1952). Arquitecto egresado de la Universidad Central de Venezuela. Paralelamente a su actividad artística, se ha desempeñado como promotor, curador, museógrafo y asesor de instituciones culturales en el país y en el extranjero. A partir de 1975 es frecuente ver su obra en salones y bienales de arte tanto nacionales como internacionales. Actualmente reside y trabaja en Caracas.
RUTAS, VIAJES, DESPLAZAMIENTOS.
F.F. –“El mar hace que la madera se transforme en objeto de arte”, es una frase suya. ¿El mar es el punto de partida en toda la obra de Alberto Asprino?

A.A -El mar, como bien señalas, ha sido punto de partida e inspiración de mi indagación personal. Llevo ya unas cuatro décadas buscando en el paisaje del Litoral Central una manera de explorar los territorios existenciales del ser. También desde la orilla de lo urbano surgen nuevas referencias para ese encuentro.

F.F. –Usted camina por la franja costera del Litoral Central. Recoge y rescata trozos de maderas curadas por el mar, fragmentos de palos secos gastados por el salitre. Colecciona objetos y artefactos viejos; para luego organizarlos sobre alacenas, mesas, escritorios, pupitres, bibliotecas, escaparates, aparadores… ¿Cuál es la intención?

A.A. -Son rutas de vida. Lecturas abiertas que se conectan con la memoria, con el hacer vida, con su ir y venir. Fragmentos de maderas contenedoras de rutas, viajes, itinerarios, traslados, desplazamientos, acercamientos…

F.F. -¿Por qué la estética de la memoria, la permanencia del recuerdo?

A.A. –Yo, aunque no parezca, tengo una visión gestáltica de la vida: el aquí y el ahora. Trabajar con la memoria es buscar en ella una reflexión hoy, reconstruir situaciones de vida a partir de cada quien. Los objetos “añejos” son vistos hoy desde las perspectivas del hoy. Cuando se mueven otras situaciones personales desde el espectador, se mantiene viva la obra. Se llena de nuevas perspectivas y transformaciones.

De la serie EQUINOCCIO. 20 X 9 X 16,5 Ctms. 2002.

LIBROS, LECTURAS, NUEVAS MIRADAS.


F.F. –Casi todas sus maderas organizadas sobre repisas o armarios, simulan libros. Desde vitrinas, consolas o cajones, sus libros de madera encuentran como una manera simbólica de manifestarse. ¿Por qué la idea de los libros es una constante en toda su obra?

A.A. -“Los libros” dentro de la generalidad de mi obra son una manera simbólica de ver el paisaje, de acercarme a él.

F.F. –Además de paisaje, ¿qué es un libro para usted?

A.A. –Un libro es viaje, es descubrimiento, es conocimiento. Es pensamiento. Es compañía, es abrazo, es piel…

El Puerto de La Guaira. 2007. Ensamblaje en madera. 32 X 100 X 13 Ctms.


F.F. –¿Es por ello que en muchos de sus “libros” se trasluce ese sentimiento de añoranza, nostalgia y desolación? ¿Qué nos dicen sus “libros”? ¿De qué nos hablan? ¿A cuál experiencias nos remiten?

A.A. –Precisamente hablan de las rutas de vida, del tiempo transcurrido en su andar. Hablan de un colectivo transformado en espejos del ser. Lecturas desde el paisaje interior.

F.F. -¿Son lecturas que sirven para encontrarnos y reencontrarnos constantemente?

A.A.
–Sí, para mirarnos y encontrarnos. Para leernos, para leer al otro.

F.F. -Se dice que usted juega con la metáfora del conocimiento ¿Juega usted con la parábola del conocimiento? ¿Trata usted de organizar el conocimiento?

A.A. -No lo organizo, más bien lo dispongo en el espacio. El conocimiento viene más bien del encuentro con ellos. El viaje emocional los transforma en mirada introspectiva.

Mi escritorio, 1997. 250 X 250 X 300 Ctms.


F.F. -Mi escritorio, de la serie Nuevas Lecturas (1997), es una de sus obras más emblemáticas. Todo armoniza muy bien ahí. Desde la silla usada, hasta los “libros”; la disposición de las tablas en el espacio, el discurso, el concepto, la idea…

A.A. -Ciertamente, “Mi escritorio” (1997), es una obra emblemática para mí. Es de algún modo autobiográfica. Mi escritorio es el espacio y refugio personal, lugar para el resguardo, para el hacer. También es paisaje, territorio donde habita la memoria. Obra de abrir caminos, de hacer caminos.

F.F. -Para saber quién es Alberto Asprino, ¿basta auscultar la memoria intacta de sus “libros”?

A.A. -Sí, en cierto modo. Aunque muchas veces me esconda.

Tarde para la noche, 2004. 55 X 107 X 44 Ctms.

VESTIGIOS, MARINAS, PAISAJES INTERIORES.


F.F. -¿Se puede pintar, crear o recrear el paisaje a través de un trozo de madera? ¿Un trozo de madera refleja el paisaje mismo?

A.A. -El paisaje que yo propongo viene del escenario natural, con todas sus connotaciones reales y complejas realidades. Lo pinto simbólicamente, desde lo visual, desde su propia razón humana. El tono pictórico viene dado de lo circundante, del paso del tiempo, del desgaste de los materiales de desecho. De la transformación sufrida, desde su propia recreación. La pintura surge del tiempo contenido, de sus propias pieles, suerte de veladuras corpóreas. El tiempo es pátina transmutable, está presente en forma y presencia.

F.F. -¿Cuál es el objeto más hermoso que ha encontrado sobre la arena?

A.A
-Son muchos, por ejemplo el escritorio, encontrado en el cuarto de la basura de un edificio donde vivía años atrás. La imagen hermosísima de una virgen, la Virgen de Regla o Yemayá, en la orilla de una playa de Macuto hace unos once años y que desde entonces está en mi mesa de noche; hallazgo simbólico y de una carga espiritual muy grande, por demás. El marco de “Alzheimer”, fue el soporte de una obra de Francisco Narváez premiada en una de las últimas ediciones del Salón Oficial de Arte Venezolano, que perteneció a la Fundación John Boulton. Una vitrina Art Deco, comprada en una venta de garaje, y que después supe que era la especialísima vitrina del comedor de mi entrañable amigo, y artista plástico, Boris Ramírez, ya fallecido. Hay muchas preferencias, pero todos los objetos encontrados tienen su importancia y hacen el cuerpo de mi obra. Como ves, no todo viene del mar, los elementos se complementan con él, se abrazan en una búsqueda.

Desde la orilla, 2004-2006. Instalación, materiales diversos 500 x 1800 x 35 cm.


F.F. -Sus cuadernos están repletos de apuntes, planes y proyectos. Son primordialmente esbozos, bosquejos, esquemas, bocetos esenciales, ideas. ¿Usted construye sus obras a partir del dibujo o son los objetos encontrados los que sugieren la línea, el trazo, la forma?

A.A. –Lo del dibujo es una experiencia reciente, inédita para mí. Nace del buscar acercamiento con el objeto mismo, al dibujarlo es como radiografiar su contenido poético, emocional. Quedan reservados para esa experiencia. Mis obras son “boceteadas” desde la carga emotiva interior. Las ideas y sus materiales se resguardan en el tiempo, saben esperar el momento de salir, de transformarse en obra misma. Más bien al final, ya construidas, las obras las registro en mi libro de apuntes. En vez de fotografiarlas, se dibujan, se hacen trazos de historia.

Silla y marco. 2005.

BUSCO EN EL COLECTIVO UNA FUERZA.


F.F. –Además de escultor, las otras actividades personales que ocupan a Alberto Asprino son la investigación, la promoción y la museografía. ¿Cuál es su verdadero interés por la curaduría y la promoción cultural?

A.A. -Hacer país.

F.F. -¿Cuáles son sus artistas predilectos? ¿Qué artistas contemporáneos le gustan más y por qué?

A.A. –En principio, mi trabajo de promotor o de curador de arte me ha dado el privilegio de acercarme a un mundo inmenso de creadores de mi país y tener la oportunidad de profundizar aún más en su trabajo, en el mío propio. Es la ventaja que he tenido por encima de otros artistas y ello me ha permitido ver más el escenario del crear, valorarlo más.

Tu segunda pregunta me obliga a reflexionar y encuentro muchos nombres que me han marcado o motivado.

Desde los artistas foráneos me identifico con Marcel Duchamp (clase aparte), Vincent Van Gogh, Giorgio Morandi, Rene Magritte, Edvard Munch, Claude Monet, Meret Oppenheim, Joseph Cornell, y Picasso por supuesto. Robert Rauschemberg, Walter de María, Louisse Nevelson, Antoni Tapies, Yves Klein, Edward Kienholz, George Segal, Joseph Kosuth, Ansel Kiefer, Joseph Beuys, Jannis Kounellis, Tony Cragg, Julian Schnabel, Magdalena Abakanowicz, Robert Smithson, Richard Long, Jenny Holzer, Cindy Sherman, Louise Bourgeois, Mark Dion, Katarina Fritsch, Joan Brossa, Christian Boltanski, Lothar Baumgarten, Piero Manzoni, Ana Mendieta, Mariko Mori, Luc Tuymans. Los brasileros Mira Schendel, Helio Oiticica, Tunga, Ernesto Neto. Los Carpinteros, de Cuba, el joven artista guatemalteco Darío Escobar.

En nuestro territorio, ¿está demás nombrar a Armando Reverón?, Jesús María de las Casas, Samys Mutzner, Pedro Ángel González. Alejandro Otero (Maestro clase aparte), Soto, Elsa Gramcko (sensible guía), Gego, Mario Abreu, Bárbaro Rivas, Juan Félix Sánchez, Teodora Torrealba (locera larense, de Sanare, quien mantenía una comunicación con la luna para quemar sus piezas), Oscar Pellegrino, Elsa Morales (insigne amiga), Cándido Millán (otro maestro clase aparte), Boris Ramírez (amigo por encima de todo). Luisa Palacios, Margot Rommer, Francisco Hung, José Sigala, Pedro Barreto, estos últimos ya fallecidos.

Mención especial merece Lía Bermúdez, vecina de toda una vida de mi casa familiar en Maracaibo. Su orientación y sano consejo permitió que valorara mi inclinación artística (cuando apenas iniciaba mis estudios de arquitectura), y la convirtiera en un proyecto de vida a asumir y por el cual luchar. Debo destacar también a Reina Herrera (vital guía). A Harry Abend, Gabriel Morera, Miguel Von Dangel, Pedro Tagliafico, Víctor Hugo Irazábal, Héctor Fuenmayor, Sigfredo Chacón, Luis Lizardo y Lamis Feldman (entrañables amigos), Clemencia Labín, Luis Brito, Carlos Zerpa, Nelson Garrido, Adrián Pujol, Jesús Caviglia (otro insigne amigo). Los zulianos José Ramón Sánchez y Hernán Alvarado, Consuelo Méndez, Luis Méndez (fuera de serie). De los emergentes, Javier Téllez, Alexander Apóstol, Ramsés Larzábal.

Encuentro en esta generosa y amplia lista de creadores, que seguramente se me escapa alguno, una manera de ver el mundo. De romper frentes, de asumir la libertad del arte como propuesta de vida. Siento que cada uno de ellos dio en su momento un paso más, construyó historias personales para ser perpetuadas desde el ser. Otros, todavía en plena actividad, siguen aportando esa esencia. En todos estos nombres, hay una manera de convertir el arte en escenario de lo humano. Rupturas que nacen desde adentro. Hay mucho de paisaje y piel humana, de cuerpo sensible, por momentos desgarrador. En otras situaciones la poética se hace lectura, retrato, mirada introspectiva.

Muchos de ellos han dejado un legado que hoy sigue teniendo significación. Y hay quienes continúan configurando ese sentir.

¡Qué pregunta esta, me hizo volar!

Alzheimer, 2003. Ensamblaje, vidrio esmerilado, madera 95 x 91 cm.


F.F. –De esos otros que todavía están en plena actividad, ¿qué nos diría Alberto Asprino? ¿Con quién se quedaría? ¿A quién apoyaría más y por qué? Le doy algunos nombres: Eduard Díaz, Enrique Moreno, Starsky Brines, Nayarí Castillo, Enay Ferrer, Jonidel Mendoza, José Vívenes, Valentín Malaver, Eduardo Azuaje, Astolfo Funes, Javier León, Blanca Haddad…

A.A. –Sería descortés de mi parte tomar partida por uno u otro. Tengo cifradas mis esperanzas en el arte joven venezolano. El tiempo dirá quienes irán creciendo y brindándole al arte verdaderos y significativos aportes.

Me he nutrido, como persona y como creador de muchos de ellos. De los que tú nombras están algunos de ellos, por ejemplo Nayarí Castillo. Agregaría a tu mención a Douglas Bermúdez, Christian Vinck y Ángel González Calmen (del Zulia), a Alberto Riera (de Lara), a tí mismo, por sólo nombrar algunos.

En mi intención de promoción no hay individualidades, busco en el colectivo una fuerza. Tengo mis preferencias como todos, pero a la hora de hacer un trabajo busco “una mirada abierta”, no prejuiciada ni mucho menos superficial y clasista.

Marina, 2007. Ensamblaje en madera. 18 X 49 X 9,5 Ctms.


F.F. -Usted celebra a Armando Reverón por todo lo alto. Se acerca a él, conoce los entornos por donde él estuvo. Construye y reconstruye sus vivencias, sus emociones, sus fantasías. Los desechos del litoral central que usted rescata los trasforma en lecturas, en miradas introspectivas de la propia vida y obra de Reverón, creando, a partir de allí, su propio paisaje. ¿Qué importancia le da Alberto Asprino a la vida y obra de Armando Reverón?

A.A. –Para mí Reverón lo representa todo, desde lo humano y desde lo plástico. Encuentro una gran fuerza, una carga espiritual muy grande. Percibo al hombre y a la obra en un mismo plano. Reverón entregó todo por su obra, allí está su trascendencia, por lo honesto, lo ejemplar. Hizo del arte una gran obra de vida. Yo andando por sus caminos encuentro su presencia hoy.

Haikú entre olas, 2007. 21 X 8 X 5 Ctms.


MI MIRADA NO SE DETIENE, SIMPRE ESTÁ BUSCANDO.


F.F. -¿Cree que su obra tenga un sello personal, un sello único?

A.A. -Espero que no. La obra siempre debe buscar abrazar otros discursos, diálogo con el mirar del otro. Sería terrible que me posesionara de los “libros”, por ejemplo, y se convirtieran en una marca. Obviamente retratan e identifican una búsqueda personal, particular. El hacer arte no es para determinar una propiedad horizontal. Si hay coincidencias con otros, bienvenidas sean.

F.F. –¿A qué le debe el éxito de su propuesta?

A.A. –¿Éxito?, la ganancia en todo caso de esta entrega de vida, considero que reside en que siempre me mantengo en la búsqueda de la reflexión, en procura de una obra abierta. Que me retrate con toda la honestidad del mundo.

F.F. -¿Por qué prefiere seguir trabajando con materiales de desecho?

A.A. -Mi mirada no se detiene, siempre está buscando, hurgando en las orillas del devenir del ser. Al mirar en 360 grados se ve más. Mirando también al otro se crece.

Atado de mares y tierras, 1995. Ensamblaje, materiales diversos. 80 x 200 cm. Ø


F.F. -Hábleme de sus nuevos proyectos. Por ejemplo, del rescate de esos parachoques, de esos chasis de autos… o “cuerpos humanos” como usted los llama…

A.A. -Mis proyectos actuales siguen buscando en el paisaje una relación de ser. Hoy esos “chasis” que mencionas, se exploran como cuerpos inertes, que hablan de lo accidental, de nuestra propia violencia, de la vida que no se valora, la que se pierde alegremente. En esta indagación dejo a un lado la poética para proponer un discurso más agresivo. Vienen más proyectos en paralelo, necesito volcar mis ideas imperiosamente.

Aquel niño zurdo, 2004-2006. Madera, metal 77 x 206 x 52 cm.


F.F. –Y de su nueva colección de tapas de botellas, que hacen referencia a monedas antiguas, ¿qué nos podría decir? ¿Tiene algo que ver con la “reconversión” monetaria? ¿Hay ahí alguna similitud con el bolívar fuerte? (Risas).

A.A. -Es una investigación que he venido realizando en silencio, sobre la Macunaima (moneda colonial realizada a golpe de martillo, utilizada hasta 1841). Serie que va sin la premura de sacarla al aire, sin prisa. Se acuña con el devenir del cotidiano urbano. Su “reconversión” a objeto artístico, lleva su propio ritmo, toca la memoria.

F.F. -Además de la contemplación sublime del paisaje marítimo, ¿a qué se ha dedicado últimamente Alberto Asprino?

A.A. -Qué difícil pregunta, a vivir en sana paz.

martes, 26 de febrero de 2008

Manuel Espinoza: “El arte para mí es una indagación permanente sobre los valores”.


Manuel Espinoza (San José de Guaribe, Estado Guárico, Venezuela, 1937). Dentro de las propuestas que han enriquecido nuestra cultura, la obra de Manuel Espinoza es ampliamente conocida dentro de la actividad cultural venezolana. Premio Nacional de Artes Plásticas 1987, se ha desempeñado como pintor, gerente cultural, promotor social y docente. Militante y activista político de izquierda de larga trayectoria. Manuel Espinoza fue director-fundador del Centro Experimental de Arte de la Universidad de los Andes en Mérida, de la Galería de Arte Nacional, del Instituto Universitario de Estudios Superiores de Artes Plásticas Armando Reverón y del Museo de Arte Contemporáneo del Zulia, MACZUL. Se ha desempeñado como asesor y colaborador de innumerables museos, galerías e instituciones culturales: TAGA, CEGRA, Museo de Arte Contemporáneo de Maracay Mario Abreu, Museo Alejandro Otero, Museo Jacobo Borges, entre otros. Las pinturas de Manuel Espinoza reflejan una sublime naturalidad asociada con el lugar donde vive. En su casa-taller de Clarines, podemos encontrarnos con fascinantes auroras, tardes crepusculares, ocasos iluminadores. Acercarse y comprender la naturaleza, el paisaje, la luz cambiante del oriente de nuestro país, ha sido su mayor búsqueda y desafío en estos años recientes.

Franklin Fernández.

Manuel Espinoza. Paisaje. 2005. Óleo sobre tela 60 X 45 Ctms.

EL ORIGEN, LOS AMIGOS, LA MILITANCIA POLÍTICA


F.F. -¿De dónde le viene a usted la vocación de pintar? ¿Cómo se manifestó en Manuel Espinoza la pasión por la pintura?

M.E. –Siempre ha sido un misterio. ¿Por qué uno escoge el arte, la pintura como forma definitiva de vida siendo este un destino tejido de incertidumbres? No lo sé. Lo cierto es que desde muy temprana edad intuía con pasión e ilusión que ese era mi camino.

F.F. -¿Cuáles fueron los azares de su formación?

M.E. -Nací en San José de Guaribe al final del año 36 y comienzos del 37. Pueblo asentado en el límite de tres estados: Miranda, Guárico y Anzoátegui. Y de tres zonas geográficas: cordillera central en su extremo oriental, extensión de los llanos norte centro orientales y la depresión del Unare; región de confines. Guaribe es y no es un pueblo de montaña, llanero y oriental. Es una región de praderas y de bosques frondosos al lado de las tierras secas, de tórtolas, de cujizales y de sed…

A los siete años mi madre me envía donde mis tíos en Caracas. Allí y desde ese momento comencé a vivir la pasión social de Venezuela. En 1944, un año antes de finalizar la segunda guerra mundial, mi casa es un pequeño centro de conmoción política. Se organiza allí la lucha de los trabajadores…y así, la militancia organizada de mi familia me envuelve. En 1945 es el tiempo de la definición final de la segunda guerra en Europa y la derrota del fascismo donde el ejército rojo juega un papel decisivo. Cae el gobierno de Medina.



F.F. –En esa época, el líder político y dirigente sindical Salom Meza, primo hermano suyo, ¿juega un papel determinante en su formación?

M.E. –Así es. Salóm Meza, líder apasionado, juega un papel determinante en mi formación básica. Para mí fue como un padre. Con él aprendo a leer y a escribir con las letras y palabras recortadas de los periódicos. Nace así el interés por la lectura y los libros que me acompañará siempre.

F.F. –Tengo entendido que Salom Meza era dirigente político de Acción Democrática, pero de una estirpe de hombres honestos que se jugó la vida contra la dictadura y la tiranía de Pérez Jiménez.

M.E. -Sí, eso es cierto: a finales del 45, nace la Junta Revolucionaria de Gobierno de A.D. Luego viene el gobierno de Rómulo Gallegos. En el 48 es derrocado Gallegos y se inicia la dictadura de Pérez Jiménez. Por razones políticas (diez años de persecución, cárcel, torturas…), se desintegra mi familia y me veo en la necesidad de buscar caminos y soluciones básicas a la vida.

F.F. –¿Es cierto que a la edad de 11 años usted construye su primera casa?

M.E. –Eso es cierto. Con la ayuda de los vecinos, a la edad de once años, construyo una “casa” para mi madre, mi hermano menor y yo, en un barrio de Catia (Ciudad Tablitas). Paso después a Villa de Cura, luego Altagracia de Orituco, allí termino primaria e inicio el bachillerato con excelentes calificaciones. Recuerdo el respaldo y el apoyo de la comunidad en mis estudios y vocación artística. En 1953 mi hermano mayor Teobaldo me facilita el traslado, con mi madre, a Valencia donde me inscribo, con inmensa alegría, en la Escuela de Artes Plásticas Arturo Michelena, dirigida por el maestro Braulio Salazar. Se une a nosotros Denia mi hermana mayor; y se integra por primera vez y por poco tiempo mi grupo familiar inmediato; mi madre y mis tres hermanos. El siguiente año estudio en la Escuela Cristóbal Rojas de Caracas, y allí hago contacto con la lucha organizada contra la dictadura.

F.F. -¿Con quiénes se relaciona usted? ¿Con quiénes se compromete para la lucha social organizada?

M.E. -Me relaciono con los maestros Marcos Castillo, Rafael Monasterios, Fabbiani, Francisco Narváez, Gastón Diehl, Alejandro Otero, Miguel Arroyo, Ramón Vásquez Brito, Martín Leonardo Funes, Rafael Ramón González. También tengo amistad y militancia con Juan Pedro Posani, Mateo Manaure, Régulo Pérez, Jacobo Borges, Guevara Moreno, Violeta Roffé, Francisco Mieres, Tecla Tofano, Juan Pedro Rojas, Domingo Fuentes, Abilio Padrón, Armando Córdova, Nelson Arrieti, Luís Domínguez, Yolanda Steffens… y mis compañeros, camaradas; Oscar Perdomo, Juvenal Ravelo, Carlos Hernández Guerra, Anita Brumlick, Ligia Olivieri, Betania Uzcátegui. Conocí a líderes fundamentales del PCV: Gustavo Machado, Jesús Faría, Guillermo García Ponce, Alberto Lovera, Pedro Ortega Díaz, Eduardo Machado, Eduardo Gallegos Mancera, José Rafael Cortez, Douglas Bravo, Alfredo Maneiro, José Vicente Cabezas, José Rafael Núñez Tenorio, Olga Luzardo, Argelia Laya, entre otros.

A partir del año 1954 en Caracas, mi vida se organiza y desenvuelve en dos campos complementarios: las artes plásticas y la lucha social organizada. Además de las gestiones normales para la supervivencia y mi familia. Me mueven los deseos de saber, comprender, pintar, dibujar, leer, soñar. Recuerdo las reuniones, las largas conversaciones con mis mejores amigos, el intercambio de libros, las acciones concretas de agitación y propaganda.



F.F. -¿Y cuando ingresa formalmente al Partido Comunista Venezolano?

M.E. -En diciembre del año 56 ingresé formalmente al PCV que sentí como el ingreso a una gran escuela de formación para la vida, mas compleja, mas rica, mas intensa en una dimensión mas amplia y profunda.

F.F. –A raíz de la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, usted toma la Escuela de Artes Plásticas Cristóbal Rojas y solicita al Ministerio de Educación su reforma inmediata, ¿eso es correcto?

M.E. –Sí. En 1958, tras la caída de la dictadura, un grupo de estudiantes que habíamos participado en la lucha contra Pérez Jiménez, organizados al lado del Frente Universitario, tomamos la escuela de artes plásticas Cristóbal Rojas y solicitamos al Ministerio de Educación, su reforma inmediata. Benjamín Mendoza recién nombrado Director General, respondió y nombró la primera Comisión de Reforma integrada por Miguel Otero Silva, quien la presidía, Alejandro Otero, Ventura Gómez, Carlos Guinand, Gabriel Bracho, Miguel Arroyo, Pedro Ángel González, Armando Barrios y Manuel Espinoza como representante estudiantil. Se logró, en una primera etapa, su incorporación al sistema educativo formal, y después lamentablemente entró en la crisis de la cual no ha salido todavía.

F.F. –En compañía de Ligia Olivieri, Abilio Padrón y Sócrates Escalona usted viaja a Europa. Visita la unión Soviética, España y Checoslovaquia. ¿Algo se trajo usted de esos viajes? ¿Algunos recuerdos?

M.E. –Mi primer viaje fuera del país fue en 1956 para participar en el festival Mundial de la Juventud, en Moscú, en compañía de Ligia Olivieri, Abilio Padrón, Jorge Arteaga, Sócrates Escalona, Regulo Pérez, Hernán Pérez Nieto, Hernán La Riva, Coromoto Gómez, y otros estudiantes venezolanos. Inolvidables recuerdos de nuestro primer contacto con la Unión Soviética, Hungría, Checoslovaquia, Polonia. Algunos regresamos ese mismo año a Venezuela.

A finales del 58 salgo de nuevo para continuar estudios de Arte en Europa. Experimento intensas y bellas experiencias en Roma, París, Berlín y esporádicamente en otras ciudades de Europa y Asia, siempre en los dos campos: la cultura, el arte y lucha social.

F.F. -¿En qué año regresa a Venezuela?

M.E. –Regreso a Venezuela en 1964, y vivo mi primera experiencia fundacional en Mérida, con la ULA: el Centro Experimental de Arte (CEA), que actualmente funciona como una escuela adscrita a la Facultad de Arquitectura de esa Universidad.


F.F. -Usted participó junto a Jacobo Borges, Mario Robles e Inocente Palacios, en el espectáculo audiovisual “Imagen de Caracas” que, como bien dice uno de sus catálogos: “es una metáfora urbana de carácter vanguardista que marcó la historia de la cultura venezolana”.

M.E. –Trabaje con el grupo “Imagen de Caracas” lo hice acompañando a Jacobo Borges como líder de un numeroso equipo de creadores. Fue una experiencia intensa de creación colectiva, animada por la pasión de Jacobo en la búsqueda de una integración total de las artes incluyendo la arquitectura, el cine, la fotografía, el teatro la danza, la poesía, las artes plásticas… fue una grandiosa aventura intelectual y artística que dejó sus frutos.

F.F. –En 1974, se resuelve crear la Galería de Arte Nacional (GAN), de la cual usted fue su primer director-fundador…

M.E. –Aclaro: en Octubre de 1974, el instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes, INCIBA, presidido , en aquel entonces, por Lucila Velásquez, resuelve crear la Galería de Arte Nacional, propuesta por un grupo de artistas plásticos, como museo consagrado a la investigación, rescate y divulgación de las obras de los artistas venezolanos. Después de esa decisión hubo cambios en el aparato cultural del Estado: Desaparece el INCIBA y surge el CONAC, presidido por Luís García Morales. La idea GAN se congeló hasta el año de 1976 cuando por iniciativa de Miguel Otero Silva se convirtió en verdadero proyecto con la participación de Alejandro Otero y este servidor asumiendo la responsabilidad de su puesta en marcha en febrero de ese mismo año. El proyecto lo trabajamos previamente durante nueve meses. En los ocho años de mi permanencia en la GAN se desarrolló la primera experiencia entusiasta y exitosa de gestión colectiva de democracia participativa y donde se formó toda una generación de líderes de la gerencia cultural en Venezuela. Toda la teoría y práctica de participación democrática que allí y en ese periodo se elabora, tiene hoy plena vigencia.

A partir de la experiencia de la Galería de Arte Nacional ya es un trayecto conocido: TAGA, CEGRA, IUESAPAR, MACZUL…, y los tres años en el gobierno del presidente Hugo Chávez, acompañando al ministro Héctor Navarro como viceministro de cultura y presidente del CONAC.

F.F. -Y después de todas estas experiencias conocidas, ¿qué hace actualmente Manuel Espinoza en Clarines? ¿Por qué escoge este lugar como recogimiento introspectivo? ¿Por qué continua aquí?

M.E. –Hoy, en Clarines, asumo con una gran pasión y responsabilidad la actividad artística, cultural y social: respaldo la organización de los consejos comunales y el apoyo a la renovación de la vida municipal, promoción del núcleo del IUESAPAR con diseño artesanal como nueva mención y el taller integral del libro como objeto de arte. La experiencia en Clarines me ha permitido alejarme de la dinámica alienante de la gran ciudad y acercarme más sensiblemente a la comunidad y la naturaleza que todavía aquí están cercanas, en una relación sutil y sencilla y hay algo muy valioso que espero no perdamos: un ethos de armonía, un tiempo, un transcurrir de las cosas más lento y asimilable, y el imponente silencio, que te permite oír, simplemente oír la brisa, el canto de los pájaros, las huellas sonoras de las cosas, los árboles, la lluvia, los animales, los insectos, a una escala todavía humana, la presencia discreta de tus semejantes y sus máquinas, en sus actividades cotidianas.


LA PINTURA, LA NATURALEZA, EL PAISAJE VENEZOLANO.

Paisaje 106. 1989. 97 X 147 Ctms. Oleo sobre tela.


F.F. -La búsqueda de una identidad propia, es fundamentada de manera apasionada y contundente en su obra, en el vigor de un lenguaje estético propio, auténtico, tradicional ¿De dónde le brota a Manuel Espinoza su pasión por la naturaleza, específicamente por el paisaje venezolano? ¿Qué fuerza mágica despierta en usted la naturaleza? ¿Qué influencia ejerce sobre usted el paisaje? ¿La naturaleza es la metáfora fundacional de su trabajo? ¿Qué es lo que usted ve en la naturaleza, que los otros artistas no ven?

M.E. –Identificación con lo esencial de la naturaleza. Los paisajes que pinto son abstracciones de mi experiencia significativa orientada hacia el paisaje. En una época que viajaba frecuentemente de Caracas a Maracaibo para ayudar a poner en funcionamiento el Museo de Arte Contemporáneo del Zulia, MACZUL, realicé una experiencia semilla: atraído fuertemente por el paisaje entre Barquisimeto y Carora, en el estado Lara, logré llegar allí varias veces antes del amanecer. Buscaba un sitio apropiado donde no pudiera ver ni oír los vehículos y hacía un ejercicio meditación de hora y media a dos horas que me parecieron al final infinitos cuando me sentía en ningún lugar y perdía la noción del tiempo; en la condición unificada con la naturaleza. Experiencia maravillosa, indescriptible con palabras. Desde ese momento ya no dejé de pintar paisajes… y flores, manifestaciones esenciales de ese mundo del cual brotamos.

Paisaje 101. 1989. 41 X 61ctm. Oleo sobre tela.

F.F. –Manuel, la pintura es un viaje interior, es una de las posibilidades de viaje más puras y auténticas que existe. Para usted, ¿qué es la pintura?

M.E. -No sé, no diría un viaje interior. Diría más bien que a uno como artista lo motiva básicamente el deseo de felicidad compartida, el deseo de armonía, perfección, de calidad en las relaciones con uno mismo, con los semejantes, con las cosas, con el mundo, con la naturaleza que nos rodea.

F.F. –Bien. Uno llega también a la pregunta eterna y sin respuesta concluyente, ¿qué es el arte?

M.E. -El arte para mí es una indagación permanente sobre los valores, es una disciplina del espíritu en búsqueda de la relación mente, materia, calidad, en el vínculo sujeto-objeto. No sé. Eso es lo que me inquieta actualmente. El abismo que hay entre una cierta manera de relacionarse los humanos y la posibilidad de la calidad que existe en ellos.

Idealmente nuestra manera de vivir debería generar un sentimiento de serena plenitud que inspire a cada instante y nos conduzca sin temor a la hora final. Vivir en sociedad con nuestros semejantes debería producir en nosotros una conciencia de responsabilidad y solidaridad universal. El conocimiento debería revelarnos la naturaleza del mundo; la confianza de alcanzar la verdadera esencia nos ubicaría en la dimensión suprema del ser: la trascendencia para aceptar gozosos el destino. La posibilidad de expresarnos plenamente es el camino para llegar a ser lo que en semilla somos.

Paisaje 73. 1988. 40 X 61 Ctm. Oleo sobre masonite.


F.F. -¿Qué papel juega el arte como una de las formas transformadoras más auténticas de la conciencia social?

M.E. -En los momentos en que en nuestro país vivimos los calores generativos, las alegrías y temores, las angustias propias de los procesos de cambios y vemos surgir las cualidades emergentes de la voluntad colectiva para construir nuestro socialismo; nos encontramos también revisando y descubriendo lo que ha sucedido en nuestro lenguaje, en nuestra mirada, en nuestra mente sentimental y racional, en nuestras capacidades relacionadoras; cuando se desvanece aquella ilusión de armonía opaca que nos ocultaba lo que somos y lo que podemos ser, lo que tenemos y lo que podemos tener, revelándose también la posibilidad real y no solo ilusión, de una nueva armonía en su verdadera riqueza, aquella que surge de su fuente original, la naturaleza, la naturaleza humana incluida, mediante la inteligencia creadora, el trabajo, los saberes del sujeto colectivo.

Surge, grandiosa, la historia como inmensa creación colectiva de la humanidad emancipada entrando al reino de la Libertad. La era de la Humanidad, de la verdadera humanidad, donde las relaciones no estén determinadas por la necesidad asociada a los peligros de la subordinación predador-presa, sino por la libertad, la solidaridad, la dignidad, la bondad, la belleza, esto es un mundo verdaderamente humano.

En esa búsqueda, en ese proceso, el arte juega un papel sutil y profundo como una de las formas de la conciencia social para contribuir a ese mundo de solidaridad, de entusiasmo, de belleza… de calidad. Pero sabemos que eso que deseamos no llega solo sino como resultado, primero de una verdadera comprensión del significado esencial de la vida y destino humano, y segundo de una voluntad de hacer, participar, construir, compartir entusiasmo.

Calidad es una energía, es una fuerza autoorganizadora, generadora de compleja armonía en el universo y que podría unir en una sola estructura completa de pensamiento los lenguajes separados de la ciencia, el arte, la filosofía, la religión… En ese sentido hoy nos acercamos a un terreno fecundo donde el arte autotrascendiéndose puede llegar a esos valores, a esa comprensión totalizadora. Veamos por ejemplo lo que nos dicen el santo, el filósofo, el poeta, el artista, el científico desde sus corrientes específicas: fluyendo hacia la sabiduría esencial.

“Plotino el platónico demuestra por medio de los capullos en flor y de las hojas de los árboles que del Dios Supremo, cuya belleza es invisible e inefable, la Providencia llega hasta las cosas de esta tierra. Señala que estos frágiles y mortales objetos no podrían estar dotados de una belleza tan inmaculada y tan exquisitamente forjada si no emanaran de la Divinidad, que impregna infinitamente todas las cosas con su invisible e inmutable hermosura”.

San Agustín, La ciudad de Dios.

“El Sol no sale solo para mí
ni los pájaros cantan solo para mí
ni los árboles ni el mar existen solo para mí.
Pero el rayo que me toca desató esa cuerda y dejo la vida florecer”.


Gustavo Pereira, “Somari del Salvaje”.

“Poéticamente
habita el hombre en la tierra
alumbrando en ella
el reino de las posibilidades libres”.


Hoderlin.

“Me da la impresión que estamos en los albores de una nueva vida…”.

Anderson…

“Y así nace una noción nueva de totalidad continua, donde la conciencia deja de ser fundamentalmente separada de la materia global”.

D. Bohm…

“Creo que la acción, la acción humana, ni está de algún modo planificada, debe estarlo siempre sobre una base estética”.

G. Bateson…

“Coordinar las relaciones en estructuras armónicas, es la aptitud del genio artístico”.

Eugène Delacroix...

“Oír la naturaleza, comprenderla…”.

Armando Reverón…

“El trabajo alienado es aquel que no produce poesía”.

Carlos Marx…


La esencia del arte, la experiencia estética, el origen de la vida, el sentido del trabajo creador, la calidad en la presencia humana en la tierra; mediante la poesía, San Agustín, Gustavo Pereira, Anderson, Bohm, Bateson, Hölderlin, Delacroix, Marx… nos colocan en ese territorio sublime y vital de la existencia donde indiferenciadas, se fecundan y recrean la espiritualidad y la naturaleza, porque recordemos siempre hay una sola naturaleza, somos parte de ella, surgimos de ella como su expresión humana.

Paisaje, 1988. 150 X 213 Ctms.


REVOLUCIÓN Y CONCIENCIA SOCIAL.

F.F. –¿Qué entiende Manuel Espinoza por revolución?

M.E. -Además de su significado histórico y universal de transformación social radical, entiendo revolución, también, como liberación de fuerzas, liberación de energías, liberación de posibilidades como las del entendimiento, del conocimiento, de la voluntad hacia percepciones más amplias, profundas y sutiles como las que nos permiten seguir las señales, que unen las estrellas con las flores, las flores con Simón Rodríguez, con las mariposas espejo, con la luz del amanecer y con los Consejos Comunales. Trascender es la palabra; ensanchar nuestros horizontes perceptivos, superar limitaciones y encierros a la comprensión porque, entendamos, el espíritu es una dimensión “ordinaria” de grandes y numerosas partes del mundo natural que están fuera de nuestro cerebro.

F.F. –Liberar al hombre, su conciencia, su espíritu, su sensibilidad... ¿es tarea vital y fundamental en una revolución?

M.E. -Cuando era niño, mi tío enseñaba lo que había debajo de una hoja o de un pedazo de tierra reseco, levantado después de la lluvia: un mundo complejo, la vida afanosa de las hormigas y la biología perseverante de las futuras plantas, luego se alzaba y tendía la mano hacia el cielo y me indicaba también el mundo de la energía del cosmos, trazando un arco fabuloso desde lo más pequeño hasta lo inmensamente grande. En ese gesto se pronunciaba ante la necesidad de trascender esas burbujas invisibles que limitan la conciencia. Así me daba a entender que nuestra capacidad es muy grande, es del tamaño de la naturaleza, que mi mundo, el de nuestras burbujas y el mundo natural es uno e infinito; que la naturaleza refleja los aspectos más complejos de la mente, los intrincados, los refinados afanes del alma. Lo que yo estaba reconociendo allí, del otro lado del espejo, en la naturaleza, no era mi condición de niño, mis apreciaciones y percepciones a escala de mi sensibilidad en desarrollo, etc, sino que estaba colocándome ante las raíces de la simetría y la fealdad, la estética de la propia condición viva del ser y su gota de sabiduría posible y esa gracia corporal de lo humano que puede expresarse en poemas y en hermosos objetos fabricados por sus manos; cualidades tan “animales” como su crueldad. No olvidemos que, nos señala Bateson, la palabra animal significa “dotado de espíritu” (animus).

Esas son igualmente, tareas esenciales de la Revolución: liberar la vida, recuperar al sujeto, liberar la conciencia, liberar la sensibilidad, liberar el cuerpo, liberar el lenguaje… creando nuevas formas de vida, nuevas formas de expresión.


Manuel Espinoza con Franklin Fernández en Clarines. 2007.

lunes, 21 de enero de 2008

ENTREVISTA A ELIZABETH SCHON.
REVISTA DIA-CRÍTICA NRO. 2. 2007.
Franklin Fernández.





SOBRE UN LIBRO DE TESTIMONIOS.

Mariano Diaz.

Mariano Díaz

Caracas, El Junko, 27 Septiembre 2007.

MIGUEL MARQUEZ.
El Perro y la Rana.

Querido poeta:

Te molesto para darte las gracias por la publicación de La imagen doble, de Franklin Fernández, a quien no conozco. Te parecerá extraño el que alguien agradece la publicación de un libro ajeno, y más aún, de un autor a quien no conoce, pero obligan a ello las doctrinas de cortesía de los cultores andinos: dar las gracias nunca está demás, y lo conduce a un estado de armonía, ése que tanto necesita el hombre aquí y ahora. Y la gratitud está, mi querido poeta, en la lección que el libro nos está aportando; ejemplo de respeto a la labor del entrevistado a través del evidente conocimiento de su obra, muy distinto al -si usted maestro, ha publicado, me hace una listita y yo se la agrego después a su entrevista-, como me propusieron recientemente.

Este libro debería ser materia de estudio de quienes están trabajando en el tan de moda género testimonial. Los trabajos de Franklin Fernández son una lección de estilo y acercamiento, y dejan la sensación de que eso era todo lo que quería -o podía- decir el entrevistado. Estoy gratamente amarrado a los cultores populares que incluye, y recién termino su magistral conversación con esa fuente de sabiduría y saberes que es Juan Calzadilla-el-poeta, y la relación de su poesía con la escritura y el grafismo (donde uno reclama las ilustraciones de ejemplo) de sus pintujos. Digo Calzadilla-poeta-pintor, porque sólo de paso, Franklin toca al maestro-cronista de arte que también es él. Nos la debe.

Precisamente, la entrevista más extensa es a Juan Calzadilla-poeta, y habla también el Calzadilla-cronista de arte, que roza el arte popular y da un pellizco a la labor de los museos, investigadores, críticos y curadores. El contenido del libro es una lección en cada trabajo, de donde podemos deducir el conocimiento previo que Franklin Fernández tiene sobre el entrevistado y cómo para su desarrollo se pone en el lenguaje del protagonista. Lo complementa con su currículum, comentarios sobre la obra, biblio-hemerografía y frases marcadas. También encontramos otro ejemplo de trabajo en una entrevista imaginaria sobre el pensamiento del catalán Joan Brossa. Acompaña al material de Franklin Fernández una crónica de Calzadilla sobre José Faneite.

Para mí es un libro que no tiene pierde, y muy buena guía para quienes trabajamos con la palabra de otros.

Por lo expuesto, te agradecería le dieras mis señas, o si él lo aprueba, me hicieras pasar su correo, ya que me interesa comentar otros temas con él.

Gracias, va un abrazo,

Mariano Díaz.