

Franklin Fernández


Ramón Palomares nació en Escuque, Estado Trujillo, Venezuela, el 7 de mayo de 1935. Es una de las grandes voces de la poesía venezolana e hispanoamericana. Maestro y especialista en lenguas clásicas, es profesor jubilado de la Escuela de Letras de la Universidad de los Andes. Contribuyó a la formación del grupo “Sardio” y de “El techo de la ballena”. En su poesía vive la palabra oral, las tradiciones, los campos, los paisajes, los saberes y sabores de los Andes venezolanos. Toda su obra poética lo testimonia. Ha publicado: “El reino” (1958); “Paisano” (1964); “Honras fúnebres” (1965); “Santiago de León de Caracas” (1967); “El vientecito suave del amanecer con los primeros aromas” (1969); “Adiós Escuque” (Poemas 1968-1974); “Elegía 1830” (1980); “El viento y la piedra” (1984); “Mérida, elogio de sus ríos” (1985); “Poesía (Antología)” (1985); “Alegres provincias” (1988); “Lobos y halcones” (1997); “En el reino de Escuque” (2006); “Vuelta a casa (Antología)” (2007). Es Premio Nacional de Literatura (1974), Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora (2006), y Doctor Honoris Causa de la Universidad de los Andes.
Franklin Fernández.
F.F. -¿Por qué decidió ser poeta?
R.P. -Una tarde revolviendo el ocioso armario que servía como cancel para una sala pequeña, encontré un libro con imágenes de focas y leones marinos, y un águila que desgarraba con el pico un cordero. Poco más allá de estos mares y la devastación del sacrificio descubrí los ojos de una mujer que se abrían solo para mí en su secreto. Pienso que era la Poesía, y su condición auténtica sigue convenciéndome.
F.F. -¿De qué se nutren sus primeros recuerdos literarios?
R.P. –Mis primeros recuerdos están impregnados de pobreza: un arbolito pocas veces coloreado de frutas, unas gallinas, unas palomas y algún felino merodeando en los matorrales, y una carretera maltratada de muchas grietas y pedruscos. Más tarde el día cambió y reviví en un patio frondoso, todo de almendrones, helechos y hojas de pandeaño- árbol del pan; en este nuevo acontecer la Poesía me regaló un sabor a caujara y mandarinas.
F.F. -¿Quién o qué lo motivó a la escritura?
R.P. –Los amigos que compartíamos las vacaciones entre novias, malla y pelota de voleibol, poemas y preocupaciones políticas -eran tiempos de la dictadura de Pérez Jiménez-. Emprendimos un semanario y entre otras cosas el verso se dejaba contemplar en más de un amplio espacio.
F.F. -Esos espacios a los que se refiere, ¿quedaban en Escuque, en Caracas, en Boconó?
R.P. -En Caracas, el espacio intelectual se hizo más amplio, otros amigos se juntaron a los anteriores y el mundo se abrió convertido en una hermosa y terrible pasión por la belleza, la literatura, el arte, y la necesidad de proyectarse en alguno de sus preciosos espejos.
Los estudios que llevaba adelante en mi formación profesional se hallaban en armonía con esa atmósfera de irrealidad y ensueño, y solo infaltables espectros como la pobreza con sus alfiles de hambre, humillaciones y necesidad, en sospechosa connivencia con el peligro hecho de aquella atmósfera represiva y amenazadora, acentuaban en la gran magia su color infamante.
F.F. -¿Era Caracas para aquel entonces un paraíso o, por el contrario, ya era un infierno?
R.P. -Caracas entonces era un Paraíso donde el mal iba y venía a sus anchas. En esos espacios sinuosos entre el esplendor juvenil y el desgarramiento bailaba la poesía. Yo, como en cualquier fiesta de muchachos la sacaba a bailar y el paso de baile me gustó tanto que todavía siento bailar con ella, sea en el piso encerado de esperma o en la ventisca que anuncia y revuelve las tormentas.
F.F. –Algunos lo consideran un poeta típico. Otros, en cambio, lo consideran un poeta atípico. ¿Se considera usted un bardo tradicional?
R.P. –Como sabes no hago poesía rimada, tampoco su ritmo se fundamenta en un sentido tradicional ni acostumbro planificar los textos a escribir.
F.F. -Si tuviera que definir su obra, ¿cómo la definiría? ¿Qué calificativo usaría?
R.P. -En principio la escritura de poesía -en cuanto a mi idea personal de ella- ha de ser todo lo espontánea posible, aun cuando la idea que la mueve permanezca mas o menos estable, incluyo en esto último experiencias particulares como ALEGRES PROVINCIAS y, mucho antes HONRAS FUNEBRES que considero fundamentalmente solo un ejercicio de escritura.
F.F. -¿Cuál es la idea del poema en la obra de Ramón Palomares?
R.P. -Creo adecuado decir que la idea del poema genera su propio lenguaje. Mi trabajo en todo caso abarca lenguajes diferentes y es claro advertirlo. Abarca asuntos muy diversos.
Fotografías de Franklin Fernández.
F.F. -¿Pero trabajó usted cómo pintor?
L.T. –Siempre decía: -yo debería ser pintor, porque casi lo soy-. Aunque estuviera haciendo otra cosa. La verdad es que yo no sabía que estaba haciendo algo bueno y a la larga me resultó.
F.F. -¿Y más adelante qué hizo?
L.T. -Llegó un momento que la gente comenzó a ir a mi casa. Y me dí cuenta que los cuadros comenzaron a desaparecer de las paredes (risas).
F.F. -¿La gente comenzó a comprar sus pinturas?
L.T. -A veces regalaba mis cuadros, a mis amigos le gustaban mucho mis pinturas. A las mujeres bonitas se los regalo (risas).
F.F. -¿Pero vendía usted sus obras en aquel momento?
L.T. -Yo no sabía que el arte se vendía. Lo veía como un trabajo que me podía beneficiar, pero no así. Era inocente aún en muchas cosas.
F.F. –Rememoro la primera pregunta sobre el tema del paisaje. ¿Por qué el paisaje?
L.T. –El paisaje fue naciendo de mí, de adentro hacia afuera. El paisaje es mi mayor inspiración.
F.F. –¿Imagina usted sus paisajes?
L.T. –Sí. Yo pinto de la imaginación. A veces también utilizo alguna revista o algún periódico. Yo antes pintaba otro tipo de cosas. Recuerdo que una vez pinté a un ahorcado.
F.F. ¿A un ahorcado?
L.T. –Sí, pinté a un hombre que consiguió a la mujer con otro. La mujer le estaba montando cachos (risas). Fue un cuadro durísimo de vender, porque en ninguna parte lo querían (risas)…
F.F. –Usted tiene algo muy especial: el humor. Cuando usted habla, utiliza mucho el humor, la gracia, usted se ríe mucho, usted es muy humorista… ¿Por qué?
L.T. –Perdone usted mi ignorancia, pero no conozco esa palabra, no sé lo que significa la palabra humor…
F.F. –Bueno, esa chispa, esa picardía que usted tiene para hacer reír a las personas…
L.T. -¡Ah, ya, ya, bueno!... Yo digo siempre cualquier cosa, pero soy inocente. Soy inocente de lo que estoy diciendo.
F.F. -¿Acaso habla usted sin pensar?
L.T. -Soy inocente, no un ignorante (risas). Por ejemplo, yo era muy amigo de la señora de Juan Calzadilla, Amanda Calzadilla, por allá en los años 70 en Fundarte. Ella siempre que me veía, decía: -¡Ay, llegó Tezara, ya se me va a levantar el ánimo!-. Conmigo, ella siempre estaba riendo. Cualquier palabra que yo decía, a ella le producía risa.
F.F. –Es evidente que esa alegría, esa magia la lleva usted también a sus pinturas…
L.T. –La gente siempre está feliz con mis cuadros. La gente siempre se va contenta cuando me compra algo.
F.F. -¿Qué es la pintura señor Tezara? ¿Qué es el arte para usted?
L.T. –Para mí es como un gozo, una alegría. Es el amor, la paz, el querer. El arte es un reflejo de la humanidad.
F.F. -¿Un reflejo de la humanidad en qué sentido?
L.T. –En el sentido de que es una historia. El arte es una comunicación hacia la gente. La misma gente me lo expresa cuando me habla. Muchos me dicen que se relajan cuando miran un cuadro mío. Lo que yo hago, la gente lo comunica.
F.F. –¿Lo que usted está haciendo tiene un impacto sobre la gente?
L.T. –¡Claro, claro! Yo hago la armonía a través de Dios. Dios es el maestro de todos nosotros, porque nosotros somos los que copiamos su naturaleza.
F.F. -¿Se considera usted un artista popular o un artista ingenuo?
L.T. –Una vez leí que yo era un “Leonardo Primitivo”. Eso lo leí en la revista ÉLITE, en el año 67. Yo no sabía lo que quería decir eso, como yo estaba nuevo en la cosa, yo me pregunté: -¿Será que soy como uno de esos bichos grandes, un animal prehistórico?-. (Risas)…
F.F. -Bueno, Sofía Imber lo compara a usted nada más y nada menos que con Henri Rousseau...
L.T. -Cierto, Sofía Imber hizo un escrito, una presentación para mí. Ella me comparaba con un marginal. Como yo no sabía lo que significaba aquella palabra, yo me decía: -¿Seré marginal porque yo imagino mucho?- (Risas). Entendí después que ella me comparaba con un marginal; porque yo era del barrio 23 de enero (risas). Algunos me decían: -¡Mira, Tezara, te insultaron!-. Y yo le respondía: -No, no me insultaron-. Ya que Sofía también me comparaba con Henri Rousseau, Bárbaro Rivas y otros pintores más. Además ella me compró en una exposición nueve obras mías, siendo un pintor novato. Hasta la criticaron porque ella me realizó una exposición individual en el Museo De Arte Contemporáneo de Caracas.
F.F. –Sin la pintura, ¿qué haría Leonardo Tezara?
L.T. -La verdad, no sé. Sin la pintura no se vive. Sin la pintura no vivo. Sin la pintura no puedo vivir.
F.F. –¿Cuando comienza usted a interesarse por la pintura?
G.L. –Bueno, tú sabes que yo ingreso a la Escuela de Artes Plásticas “Carmelo Fernández” sin ninguna inquietud artística. Soy realista. Era muy malo en la práctica, pero en las materias teóricas era bueno. Sacaba muchos veintes. Por ahí están los boletines. Me gradué, dí clases, viajé a Caracas, conocí a muchos artistas… Parece mentira que después de todo ese esfuerzo, aún no tenía inclinación hacia el arte. O sea, es decir; dedicarme de lleno al arte, investigarlo, sentirlo profundamente… y no sólo verlo como un mero trabajo. Yo odiaba tener un pincel en las manos. Odiaba dar clases de pintura. La verdad es que no lo sentía, no lo valoraba. Creo que fue porque tuve problemas con el alcohol. Bebía mucho, perdí a mi mujer por ello.
F.F. -¿Con esa hecatombe de la bebida lo perdió todo?
G.L. –Bueno, sí. Lo perdí todo: mujer, casa, amigos. Yo le pedía a Dios que me quitara todos esos vicios. Y hubo un cambio en mí latente, palpable en el espíritu. Un cambio que sentí en el alma. Posteriormente comienzo a valorarme, comienzo a sentir verdaderamente de que yo soy un artista, de que yo soy un graduado de la escuela de artes plásticas.
F.F. –¿Y qué hizo después?
G.L. –Bueno, comienzo a hacer un análisis interno. Luego externo. Me refiero a que comienzo a hacer un análisis de todos los artistas (para aquella época), que había en el Estado Yaracuy. Me doy cuenta que nadie se había dedicado a pintar lo nuestro. Nuestras calles, sus negocios, las costumbres populares de nuestro estado. Ninguno se había preocupado de eso. Así que decidí dedicarme yo, aún pensando en que se me iba a hacer difícil. Y lo hice no para comercializar con el arte. Tampoco creía que me iban a estar dando premios por eso. Lo hice por una satisfacción interna.
F.F. –¿Y eso le trajo otras satisfacciones?
G.L. –No. Las personas son destructivas. Aquí muchos me quisieron destruir. Algunos decían que yo era loco. Porque yo estuve en “Potrerito” y estuve dos años en “Bárbula”, no lo niego. Ahora lo digo con mayor libertad, con sinceridad, con honestidad. Y lo digo por radio, por prensa y por televisión. No tengo porque avergonzarme.
F.F. –No sabía lo de su paso por esos hospitales psiquiátricos. Pero, ¿por qué estuvo usted en Bárbula? ¿Lo consideraban a usted un loco?
G.L. –Es bueno recordarle a la gente, que los psiquiatras no me encontraron a mí nada de nada. Nada de loco, ni nada de esquizofrénico. Cuando fui a Bárbula los psiquiatras se lamentaron. A pesar de que yo tenía más de tres meses bebiendo, les contesté todas sus preguntas. Se impresionaron mucho. Por eso te repito, las personas son destructivas. Todo lo que me hicieron, todo lo que inventaron, lo fantasearon por el interés de una casa y de un terreno, de un terrenal…
F.F. –¿Y es a partir de esa experiencia que comienza usted a pintar con verdadera vocación mística?
G.L. –Sí. Después que dejo los vicios, comienzo a pintar. A pintar algo diferente. Comienzo a pintar personajes populares como “Juan Rubén”, “Julio Sosa”, “La vieja de los chivos”, “Pavo Relleno”, en fin… Luego fui a pintar una tarde de “Toros Coleados” en honor a un gran coleador de nombre Pedro Malla. Pinté también a “El negro Avendaño”, “El chato Parra”, muchos a los que conocí en la manga vieja. Todo lo que uno se propone lo logra, conciente o inconscientemente, gracias al creador. Si existe, evidentemente, una comunicación directa con él. Y hoy día, por muchas partes, tu vez una tarde de toros coleados con el nombre de “Gustavo Espinoza Lelé”.
F.F. –Pero, ¿se considera usted actualmente un artista nato, un artista como tal, un artista auténtico, acreditado y genuino?
G.L. –Yo nunca me he considerado un artista, nunca. Aunque ahora me valoro un poco más como artista. No es una contradicción. Yo siempre lo que le he dicho a la gente es que yo soy un empañetador de lienzos. ¿Sabes por qué soy un empañetador? Yo he ido mucho a los campos, me gusta mucha unirme al campesino, al hombre humilde y sencillo. Yo he ido a los campos y he visto que el campesino cuando está haciendo una casa, es un artista. Cuando está sembrando, es un artista. Son artistas porque lo que lo hacen, lo crean a partir de una cantidad de herramientas que ellos mismos fabrican. Para mí eso tiene un valor trascendente. Ahora, ¿qué pasa? Yo los vi empañetando cosas, creando cosas, pintando con los dedos. Mientras que nosotros nos valemos de pinceles. Y yo me dije: -es mejor empañetar, es mejor trabajar con las manos, es mejor ser un obrero-.
F.F. ¿Se considera usted un obrero de la pintura?
G.L. –Un empañetador, te lo repito. Esa es la pureza de mi pintura. El “empañetador” es un obrero, un maestro constructor, un creador. Un obrero pues; como tú bien dices. ¿Si me considero un obrero de la pintura? Pues, sí. El empañetador es un creador, es el obrero que hace los empañetes y paredes parejitos. Por lo tanto, yo soy un empañetador de lienzos, yo soy un obrero de la pintura. Nada más soy.
F.F. -Su estilo es muy diferente, ¿no? …
G.L. -Mi estilo es muy diferente. Por cierto, se me hace fácil cambiar de estilo. Porque yo pinto lo que quiero. No soy un gran artista, ni creo que llegaré a serlo. Pero me siento muy feliz conmigo mismo. No soy un hombre del pasado, soy un hombre del presente y tal vez del futuro. Lo que hago, lo asumo como un ejercicio de respeto y como un ejercicio espiritual.
F.F. –Para usted, ¿qué es la pintura?
G.L. –Para mí la pintura es algo que nace con nosotros. Es algo que nace en nosotros, porque hay algo interno que no se puede independizar de tu vida. La pintura es la vida misma. Hay algo interno que lo testimonia. Hay algo interno que se impone y te obliga a realizar, a exteriorizar ese algo. Pasando las circunstancias, pasando los obstáculos, pasando las vicisitudes…
F.F. –Una última pregunta Gustavo. ¿El artista nace o se hace?
G.L. –Pienso que el artista nace. El artista no se hace, el artista nace. Creo que en el mundo hay muchos artistas, hay muchos pintores que llenan lienzos, llenan grandes espacios, masifican a las personas porque masifican sus ganancias. Son artistas que están vacíos por dentro, están divorciados de su mundo espiritual, de su mundo interior. Conseguir a un verdadero artista es algo difícil, es casi un milagro.
F.F. –Se dice que una pintura no está hecha para decorar la casa: es un arma de guerra. ¿Qué opina al respecto?
A.S. –¡Uf! ¡Me haces unas preguntas! Yo me inicié en lo que la gente llama pintura, un término dentro del cual se mete de todo, pintura de uña, pintura labial, pintura de pared, pintura figurativa, pintura abstracta, etc. Cuando hoy en día observo dos cuadros que tengo en mi casa, pintados en 1965 cuando yo estudiaba en la universidad, he llegado a pensar que lo único que tienen de pintura es que van colgados de una pared, es cierto que son realizados en acrílico negro en el fondo y líneas blancas. Uno se llama “FINITO” y el otro “INFINITO” son cubos asimétricos que crean una especialidad inestable, son cuadrados de 90 X 90 cms. Aparentemente son idénticos, la única diferencia es que el finito tiene una línea en el borde y el otro no. Para mi no era importante que eso fuese una pintura o no, era sobre todo mi manera de evidenciar que era para mi el concepto de finitud y el de infinitud. Era la prueba de que esos conceptos eran importantes referencias para mí. Luego un día me vi bajando el cuadrado de la pared y poniéndolo en el piso aumentándole las dimensiones a 200 X 200 cms. Con una altura de 25 cm. Dividido en 9 cuadrados que tenían resortes por debajo, así que el público podía caminar sobre el y sentir la inestabilidad de sus cuerpos en el espacio, las sensaciones kinestésicas, la perdida del equilibrio estático. Una vez que me salgo al espacio real mis propuestas están relacionadas con EL CUERPO: escaleras, toboganes, sillas, hasta que en 1978 llego a mi propio cuerpo y en 1998-1999 llego a LA CASA. Nada más corporal que una casa, me refiero a mi propuesta titulada Cas(A)nto del Museo de Bellas Artes de Caracas donde se construyó mi apartamento en la sala 2 de ese museo.
F.F. –Bien. Pero más allá de su casa, ¿qué es el arte? ¿Qué es la pintura para Antonieta Sosa?
A.S. -Una vez encontré en un viejo diario (llevo diarios de vida, diarios de sueños, diarios de trabajo) donde yo había escrito: siento que con la pintura no logro expresar todo eso que yo soy, todo eso que me inquieta, fue algo premonitorio. Sin embargo creo que mis inicios en eso que llaman pintura que para mi no es otra cosa que pensar y reflexionar frente a un plano o superficie, los aprecio mucho pues me ayudaron a centrarme y a estructurarme, eran cuadros abstractos y matemáticos. Alto muy racional, pero de allí la crisis, es cierto que hay una parte mía muy racional, pero también soy muy emocional y visceral. Cuando esas dos energías chocan entre sí se produce una nueva propuesta plástica en mi proceso creativo.
F.F. –Ya que habla de centrarse o estructurarse, tengo entendido que un “anto” es la medida de su cuerpo ¿Podría ser también la medida de su espíritu?
A.S. –EL ANTO es la medida de mi cuerpo = 163 cms. Es una línea imaginaria que pasa por el centro de mi cuerpo. La idea es medir el mundo con un cuerpo femenino, el mío. Si analizamos las medidas que usan los seres humanos en el mundo encontramos que las primeras medidas eran varas con la medida de una parte del cuerpo del rey que se distribuía entre los habitantes del poblado. De allí que los ingleses usan EL PIE, LA PULGADA, etc… como vez, vienen de las medidas del cuerpo humano, luego los franceses buscaron una medida más objetiva y crearon EL METRO que está en relación a la circunferencia de la tierra, la barra está en un lugar de París metida en una cámara al vacío para que no sufra expansión ni compresión causada por la atmósfera. Claro que esta medida tampoco es tan precisa pues el planeta tierra es algo orgánico y cada vez que se encoje y se arruga surge una montaña. Imagino que ya no tiene la misma medida que tuvo en esa época, pero sea lo que sea es una convención y un sistema operacional que permite comunicarnos. Mi apartamento mide 7 antos X 4.5 antos. El primer anto fue hecho en madera, el segundo en metal y pertenece a mi instalación del Museo de Bellas Artes titulada “UN ANTO ES IGUAL A 163CMS A LA MEDIDA DE MI CUERPO, NI UN CENTÍMETRO MÁS NI UN CENTÍMETRO MENOS”. Consta de 15 módulos blancos que a medida que suben se recogen con una medida constante, con ello yo trato de demostrar que no existe tal cosa como lo bidimensional, que todo es tridimensional menos la sombra real. Yo sospecho que las medidas fueron inventadas por los varones y que detrás de ellas hay un manejo de PODER, los países bajo el dominio de Francia usan el metro y los que han estado bajo el dominio de Inglaterra usan las pulgadas, el pie, etc. Yo busco crear mi propia medida que es femenina y salirme del sistema de los poderosos. Luego en 1998 realicé el ANTO DE LUZ que está dentro de una cápsula de hierro y lo puedes ver a través de una ventana ovalada como las de los gabinetes de electricidad grises que están en las calles. La idea es proteger el ANTO de luz de la violencia externa pues ella representa lo más interno nuestro, ¿podría decirse que es el alma quizás?

Quizás ahora puedo decir:
DEL CUERPO A LA CASA
DE LA CASA A LA CALLE
DE MI A LOS OTROS.
Cuando a través de mi amigo VICTOR LUCENA supe de la existencia de la artista brasileña LYGIA CLARK y me dediqué a investigarla, encontré que también Lygia había pasado por la problematización del plano de la pintura, ella comienza a dividir el plano, a moverlo, a articularlos hasta que declara “LA MUERTE DEL PLANO” y al final termina trabajando directamente con el cuerpo de las personas con terapias donde usaba objetos diseñados por ella llamados OBJETOS RELACIONALES. Claro que en el caso de Lygia ella realizaba experiencias que involucraban el cuerpo de sus alumnos y eventualmente de sus pacientes, no como en mi caso, yo he trabajado con mi propio cuerpo en las acciones corporales o performances romper con la pintura no es fácil pues es un quehacer con una larguísima tradición, así como fue difícil para los abstraccionistas romper con la tradición figurativa de tantos siglos. Si lees los escritos de MALEVICH podrás constatar lo difícil que fue ese cambio para los artistas de esa generación. Pero cuando cambias el rumbo otras cosas nuevas surgen en el camino para nuestra propia sorpresa. De allí la importancia del riesgo y de la libertad para tomar decisiones respetando nuestras voces internas.
En 1965 realicé los cuadrados con los cubos asimétricos en negro y blanco, veinte años después saqué la estructura del plano al espacio real con andamios y me introduje en ella con mi cuerpo y con mi voz en me propuesta de 1985 “DEL CUERPO AL VACÍO” GAN, PARTE 2 Titulada “PEREZA”. (FIGURA 1 Y FIGURA 2). Veo claramente la relación, quizás otros no la vean.



F.F. –Sin embargo, hay una fotografía suya de pie en la que se le ve danzando con los brazos en alto, mientras sostiene una copa en la frente. Usted caminó por un sendero de vidrios rotos que la condujo hasta la salida. Veintiocho años después, ¿transita usted aún ese sendero?
A.S. –Estás haciendo referencia a mi propuesta titulada “¿Y PORQUÉ NO? de 1981 realizada en LA GOBERNACIÓN DEL DISTRITO FEDERAL dentro de la programación organizada por MARCO ANTONIO ETTEDGUI llamada “ACCIONES FRENTE A LA PLAZA”, donde nos presentamos casi todos los preformistas de la primera generación. Es cierto, como podías ver en la foto yo equilibraba copas sobre distintas partes de mi cuerpo y luego las dejaba caer, una especie de ANTICIRCO, en los circos la gracia es que nada se cae, nada se rompe, en mi caso todo se rompe (menos una). Yo le estaba buscando un nombre a esa acción en esos días y estando en un concierto se me vino la idea. Me gusta esa frase ¿Y PORQUE NO? Pues te mueve a quitarte los miedos y decidir a realizar algo que tienes pensado hacer pero que te da miedo hacer. Luego varios años después encontré en uno de mis diarios de trabajo que muchos años antes yo había llenado toda una página escribiendo ¿y porque no?, ¿Y porque no?, ¿Y porque no?... en diversos tipos de letras. A veces es necesario romper para poder seguir adelante. Romper con los prejuicios, romper con los hábitos, romper con limitaciones que nosotros mismos nos ponemos o que el medio nos impone, romper con los límites, etc… Al romper se genera una energía, para mi el cubismo fue una ruptura de la espacialidad que venía impuesta desde el renacimiento, esa ruptura abrió las posibilidades para todos los lenguajes que se desarrollaron durante el siglo XX: collage, ensamblaje, ambientación, instalación, performance, etc…
A veces el arte es un ritual para exorcizar problemáticas de nuestro mundo interior. Es cierto que trabajé con vidrios rotos, pero me cuidé de tener puestos unos zapatos de goma con una suela bien gruesa pues no tenía para nada la intención de cortarme y hacerme daño, yo no soy GINA PANE la preformista que se hacía heridas en el cuerpo. Yo amo la vida, considero a el cuerpo como un templo que hay que cuidar. Cuido mucho mi salud, y le advierto a mis alumnos el primer día de clase: “tendrán libertad, pero todo en la vida tiene un límite, podrán hacer muchas cosas pero nada que atente contra la integridad física de ustedes, de los otros o del edificio”.
A veces me he visto tratando de recoger los vidrios y pegando los pedacitos para regresar el objeto a su forma original, pensaba hacerlo con una figura de porcelana que rompí durante una charla sobre el género performance en Venezuela, pensaba que al final recogería los pedacitos para unirlos de nuevo, y cual fue mi sorpresa al constatar que alguien del público se había llevado los pedacitos.
F.F. -Recuerdo sus clases en la Reverón. Específicamente, rememoro una en particular. Me veo frente a usted reinventando mi mundo con un grupo de chopos entre las manos. ¿Qué pensaba usted en ese momento?
A.S. –Mira Franklin, me he visto relatando lo que hiciste ese día a muchísimas personas, incluso en mis textos sobre PEDAGOGÍA DEL ARTE en mi TALLER DE LENGUAJE PLÁSTICO describo esa experiencia tuya frente a nosotros. Todos quedamos sorprendidos y asustados. Tú estabas allí, vestido como un encapuchado, sobre la mesa tenías tubos, resortes, balas y planos donde se indicaba como construir estas armas caseras que pueden funcionar como un revolver o escopeta. Tú nos explicabas que podían ser armas cortas, o armas largas y la ibas armando frente a nosotros. Yo poco a poco iba cayendo en cuenta de lo que ocurría hasta advertir que aquello era algo muy peligroso, que si metías una bala, podías disparar y herir o matar a una o varias de las personas del taller. Recuerdo que te oí decir que decidiste detener la construcción de estas armas al ver la cara de susto que teníamos todos. Para mi fue todo un aprendizaje sobre una realidad que yo desconocía, ahora se que esas armas existen y que la violencia en los barrios del país se manifiesta de muchas formas. También fue una propuesta autobiográfica tuya, nos dijiste que esa era una realidad que te rodeaba en el barrio donde vivías en esa época. También fue una manera de ver como tu concepto de arte se ampliaba cada vez más, donde el arte no se quedaba en un objeto sino que también podía haber arte en una acción, fue tu segundo PERFORMANCE.
F.F. -La situación, la instalación, el dibujo, el tiempo de viaje, el tiempo transcurrido durante el día, la contemplación, la reflexión, las formas sociales de interacción con la obra, ¿son los elementos escultóricos de su trabajo? ¿Sus esculturas también se dan en ese espacio “otro” que existe entre el objeto y la persona que lo mira? ¿Considera usted que un acto estético se puede llevar a cabo en el encuentro y no en el objeto?
A.S. –Todo lo que mencionas en tu pregunta tiene que ver con mi obra. Yo no separo mi trabajo pedagógico de mi obra, parte de mi obra es la observación y reflexión sobre mi propia persona, pero consciente de que somos algo construido por la interacción con los otros, los otros son nuestro espejo. El acto pedagógico es para mí el problema del otro, es mi trabajo social y político, mi grupo es mi comunidad y valoro mucho los actos de respeto y generosidad que observo entre mis alumnos. Este año académico pasado realicé una co-evaluación donde ellos se evaluaban entre si, uno solo obtuvo 20 puntos, tenía todas las cualidades que inspiraban admiración en los otros, responsable, atento, reflexivo, creativo y sobre todo generoso, había ayudado a casi todos los compañeros en la presentación de sus propuestas sin ufanarse de nada, lo hacía de la manera más natural.
Cuando yo estudié arte se aplicaba el pensamiento de la modernidad, lo importante era el objeto: el color, la forma, el espacio, la composición, la textura, etc, jamás se hablaba del SUJETO, un total olvido del ser como dice HEIDEGGER. Mi práctica personal, mis lecturas, mis vivencias me llevaron a modificar este esquema, yo antes del objeto nombro al sujeto autor y al sujeto público y la relación que existe entre ambos. Conócete a ti mismo es lo que busco con la autobiográfico que cada día se hace más relevante para mi. Puede haber o no haber objeto, depende de la necesidad expresiva del sujeto. Cuando tú mismo en mi taller presentaste como propuesta el traer a tu hijita para celebrar con nosotros todos su primer cumpleaños para mi fue algo muy hermoso, ya se había dado una gran apertura en ti en tu concepto de arte, para mi fue algo asombroso, también era un regalo para el grupo pues era una manera de decirnos a todos: yo me siento bien entre ustedes, yo se que ustedes son sensibles y respetuosos, con ustedes si es posible hacer este gesto porque se que lo van a entender, a apreciar y a disfrutar. Hablabas de ti pero también hablabas de los demás. Era tu verdadera autobiografía, jamás lo olvidaremos ni tú ni nosotros. Llevar mi casa al museo en parte tenía que ver con mi observación de las personas que entraban en mi casa real, el joven que me traía el agua potable se quedaba mirando mis sillas y me preguntaba: -¿qué es eso?-, le llamaban mucho la atención al yo introducir una modificación en un objeto que todos hemos experimentado con nuestra vista y nuestro cuerpo en la cotidianidad, esto causa una pequeña perturbación en nuestras conexiones cerebrales. Entonces me dije, llevaré la casa al museo para que el que quiera pueda entrar y ver con toda libertad esas sillas extrañas y otras cosas. Fue una exposición muy compleja con muchos niveles de significación. Mi obsesión con el tiempo se veía muy bien reflejada en los frascos en la cocina con mi rostro desde el año que nací 1940 hasta 1998 el año de la exposición. También en el polvo de mi cuarto donde se podía ver en la inscripción un texto que decía: el polvo de mi cuarto, el día, el mes, el año y la hora en que recogí cada uno de las 35 placas conmemorativas que contenían el polvo de mi cuarto. Tu pregunta es muy compleja e interesante y daría para una tesis doctoral, me gustará hablar más de todo esto contigo.
F.F. –Bien. Para usted es muy importante la educación del creador. ¿Desde que punto un artista debe estar atento de la realidad circundante?
A.S. –Precisamente mi rol de educadora de creadores es lo que me permite estar en contacto con la realidad circundante. Mi modelo de artista no es aquel en que te encierras en una torre de cristal, haces tu obra, tienes una galería que te vende, te haces rico, te compras una casa, un carro de lujo, etc. Y por supuesto enseñar es lo que menos les interesa. Mi proyecto tiene que ver con mi país, con Venezuela y todas sus circunstancias. Me fascina observar el proceso que siguen aquellos que han sido mis alumnos y a los cuales pude hacerles un seguimiento durante un año y ser testigo de su proceso. Me da gran satisfacción verlos realizándose como investigadores, como lo que cada uno desee escoger ser. Es bueno recordar que mis primeros estudios fueron de PSICOLOGÍA en la UCV, cursé dos años y medio pero allí ya se refleja mi interés por conocer a los seres humanos, observar la conducta humana.

F.F. –Si le nombro a Claudio Perna, Yves Klein, Josep Beuys, Carlos Zerpa, Armando Reverón, ¿qué me respondería?
A.S. –CLAUDIO PERNA: el geógrafo, el primer artista conceptual venezolano, supo unir el arte y la geografía. Demuestra que ser investigador plástico y ver la relación con su profesión original la geografía es algo que logra ampliar ambas especialidades, una enriquece a la otra. Fue a través de él que conocí a los otros artistas interesados en lo conceptual como Héctor Fuenmayor, Carlos Zerpa, Eugenio Espinoza, etc… pues me invitó a participar en su propuesta ARTE EN VITRINA y fotografió algunos de mis objetos. Fue todo un personaje en el medio plástico venezolano.
YVES KLEIN: lo investigué para una conferencia que dí en el Museo de Bellas artes a raíz de una exposición curada por María Elena Ramos sobre la TRANSPARENCIA. Me invitaron al panel y me dije, Yves Klein no puede faltar cuando se habla de transparencia. Así que hice una ponencia performática. Leí un texto llamado UNA BIOGRAFIA MUY SIGNIFICATIVA titulada “AYER FUI LA NOVIA DE DUCHAMP, HOY SOY LA MÁQUINA DE TINGUELY, MAÑANA……” Me interesó mucho su interés por el VACIO, su performance con los cuerpos de las mujeres llenos de azul IKB que el había patentado y luego dejaban la huella de sus cuerpos sobre la tela, y llamaba ese resultado ANTROPOMETRÍAS. Era yudoka y entendía muy bien las energías corporales.
JOSEP BEUYS: GRAN PEDAGOGO, siempre señalando el camino para cuidar al sensiblidad y la vida. El contenido autobiográfico que tenían todos los materiales que usó en su obra: fieltro, miel, grasa, cobre, carbón, todos materiales conductores de energía y de vida. Decía que la democracia existe como concepto desde los griegos pero que los humanos no saben llevar ese concepto a la práctica pues no saben ser participativos y exigir que se les permita participar. Por eso hacía lo que el llamaba “LAS ESCULTURAS SOCIALES”. Reunía a grupos de personas y les planteaba problemas de reflexión social y a medida que pedían la palabra y participaban verbalmente estaban poniendo en práctica lo social y pasaban a ser parte de su escultura. Me gustaría pensar que mis clases son esculturas sociales en el sentido de Beuys.
CARLOS ZERPA: un preformista rebelde, realizó en los años 80 los performances más agresivos y violentos del ambiente local, como yo no se ha retirado del performance sino que continúa trabajando alternativamente con su pintura, sus objetos, sus instalaciones y sus performances. Creo que maneja de una manera magistral el uso de objetos de la cotidianidad para convertirlos en elementos expresivos. Algo que tú también Franklin sabes hacer de manera excelente pero con otras cargas de significación. El mundo de Zerpa se nutre de información muy distinta a mi mundo, a él le interesa mucho el rock algo que está muy lejos de mi experiencia.
ARMANDO REVERÓN: la última parte de mi performance instalación llamada “DEL CUERPO AL VACÍO” GAN 1985 se titula “CIRCULO DE LUZ” HOMENAJE A REVERÓN. Me fascina REVERÓN, y entendí que el supo de verdad ver lo que ocurría con la luz en el trópico. Los europeos de manera romántica pensaban que en el trópico los colores se verían más brillantes, más saturados. Reverón como un verdadero FENOMENÓLOGO supo ver el fenómeno de la luz en el trópico sin preconceptos, se trata de ver, ver de verdad. Y lo que vio es que todo lo contrario, estando a 10 grados norte del Ecuador al mediodía con el sol a plomo ocurre que el fenómeno pasa su umbral perceptivo y todo se descolora, los volúmenes dejan de verse como volúmenes, se aplanan y la luz rebota sobre los objetos devolviéndose de manera completa hasta el ojo del espectador, el mar se ve como una mancha blanca casi plateada. He tomado fotos en la playa donde ese fenómeno se hace evidente. También me gusta el hecho de que se creó su propio hábitat con los materiales que tenía a la mano. No sólo realizó pinturas sino también se rodeó de objetos construidos por él, la mantilla negra con la que expresa la noche y con papelitos metálicos simula las estrellas, la jaula con el pajarito de papel, las muñecas, sus trajes. Reverón se adelantó a su época, fue el primer artista corporal venezolano, realizaba rituales corporales frente a sus obras y tenía un gran sentido histriónico.
F.F. –¿Contribuye el artista a una mejor interrelación entre la sociedad y el producto de su trabajo?
A.S. –Franklin, encuentro esta pregunta muy compleja, ¿me la podrías formular de otra manera?
F.F. -¿Es el artista el mediador por excelencia entre el sujeto y el objeto? ¿Es el artista el que verdaderamente llega a sensibilizar el mundo perceptivo, visual y espiritual de las personas?
A.S. -Sólo te puede decir que soy una convencida de que LA FELICIDAD es algo que lo construimos nosotros mismos, te pongo un ejemplo: trabajas muy duro realizando un trabajo de investigación sobre un artista que solo conoces por imágenes en libros y realizas un ensayo o una tesis. Un día viajas y entras a un museo y allí está, tienes delante de ti una obra original de ese artista, la emoción es muy grande, al menos yo he tenido esa experiencia. Me gusta mucho observar a las personas visitando las exposiciones y viendo sus reacciones. Cada obra es un termómetro que te habla de los valores y las creencias de cada persona, una obra irreverente hace reír a unos pero irrita a otros. El artista tiene en sus manos lograr: crear conciencia, sensibilizar, dar alegría, enriquecer el mundo perceptivo de los humanos. Conozco un médico cardiólogo que es estudioso del arte y se ha especializado en artistas como GAUGUIN, el dicta conferencias sobre este artista a sus colegas, puedo observar que su interés por el arte le enriquece la vida, una vida que puede ser muy dura al tener que enfrentarse con problemas de salud de sus pacientes. Creo que es por esa razón que en estos momentos hay tanto interés en llevar las manifestaciones artísticas a la calle, para poder ofrecerle esas experiencias enriquecedoras a personas que jamás han visitado un museo o una galería. Además porque a su vez esa situación enriquece la experiencia del mismo artista. Observo que muchos jóvenes artistas están interesados en incursionar en este tipo de manifestación. Esta misma semana (hoy es martes 9 de septiembre del 2008), iré a Sabana Grande y a la zona de la Estación Bellas Artes aquí en Caracas a ver las presentaciones de artistas tanto extranjeros como locales dentro de la programación del “CUARTO ENCUENTRO MUNDIAL DE ARTE CORPORAL DE VENEZUELA” que se está realizando en diversos lugares del país durante esta semana. Imagino a una persona que viene por la calle preocupada por los conflictos que tuvo ese día en su lugar de trabajo y de pronto frente a el está un artista con un traje extraño evocando sensaciones que esta persona jamás había visto antes en su vida. Creo que toda la energía de su mente y de su cuerpo se activan y le generan una energía con un inmenso potencial vital = VIDA, de eso se trata. No sé si te contesté la pregunta.
F.F. –Sí. Muchas gracias Antonieta.
A.S. -Gracias a tí Franklin. Ha sido muy estimulante para mi cerebro y toda yo esta entrevista pues me conduce a verme y más dialogando con una persona como tú, de gran inteligencia y sensibilidad. Conocernos en la situación pedagógica fue un gran privilegio para mí. Mil gracias por este interés que has tenido es entrevistarme.